Dos escritores


22/04/2017 00:51 h

Aquí, al lado del café, sobre esta mesa de mármol desde la que les escribo a ustedes, tengo dos libros, que estoy leyendo al mismo tiempo. Uno es de Antonio Iturbe. El otro, de Miguel Salas. Iturbe, autor de A cielo abierto -que es el primero de los libros que me acompañan-, nació en Zaragoza en 1967, pero creció en Barcelona, ciudad en la que adquirió su oficio, que es el de vivir con los ojos abiertos. Narrador y periodista, Iturbe, que acaba de ganar el Premio Biblioteca Breve -el mismo galardón que dio a conocer en Europa a Vargas Llosa-, es un hombre que siempre lleva consigo, allá a donde él va, la cultura mediterránea. Pero también la del Atlántico, porque el corazón lo ha vinculado, desde hace largo tiempo ya, a Igrexafeita, desde donde ha ido conociendo toda esta Galicia del norte nuestra que es como una Última Bretaña entera, haciéndose un gran amigo -por cierto- de esa puerta entre dos mundos que es San Andrés de Teixido. A cielo abierto es un bellísimo libro que tiene a Saint-Exupéry dentro. El otro libro que tengo conmigo es Ni temeré las fieras, de Miguel Salas Díaz. Salas nació en Madrid en 1977, pero como todo el mundo sabe esa circunstancia, puramente geográfica, no le impide a uno ser ferrolano. Y él lo es, de hecho. Un ferrolano con las raíces bien firmes en Covas. Magnífico poeta, ganador del prestigioso Premio Hiperión con Las almas nómadas, Salas se adentra ahora de forma decidida, y en verdad muy brillante, en la narrativa de largo aliento. La suya es una novela con una cierta vocación de thriller, si me permiten la palabra. Pero, sobre todo, es un libro en el que también se refleja el auténtico y terrible rostro de la condición humana.

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