Ejemplaridad

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

21 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Es este un sustantivo muy usado -creo que incluso manoseado- al hablar de algunos asuntos relacionados con conductas, delictivas o no, de personajes con responsabilidades públicas o pertenecientes al mundo de los famosos (conviene no confundir ambos conceptos de alcance cualitativamente muy diferente). La sentencia sobre el caso Urdangarín Borbón no ha sido una excepción. No es mi propósito dedicar mi bitácora a un asunto que llena y llenará por algún tiempo tertulias y páginas en los medios de comunicación. Pero considero que me ayuda a reflexionar sobre cómo se construye lo que hoy llamamos postverdad y, además, de la importancia que tienen determinados comportamientos y actitudes de quienes, aunque no les guste, son referentes sociales muy importantes. No creo en la ejemplaridad de las sentencias. Como defensora de la división de poderes, exigencia ineludible de la democracia, opino que deben ser, simplemente, ajustadas a derecho. Pero cuestión bien diferente es la necesidad de que se genere una conciencia social de máxima exigencia con quienes representan o pertenecen a las instituciones, ya sea al más alto o al más modesto de los niveles, si su conducta es reprobable, aunque no medie condena formal alguna. En lenguaje coloquial diría que se trata de recuperar la vergüenza como ingrediente necesario de la asunción de responsabilidades por lo hecho de modo inconveniente. Y quiero mirar al Concello, al nuestro. No creo que sean los medios de comunicación el lugar para resolver algunos de los problemas que están causando serios perjuicios a los ferrolanos. Recuperar la capacidad de autocrítica y tratar de recomponer la mayoría que lo respaldó, es la ineludible obligación del alcalde, no emplazar al PP a presentar una moción de censura, pobre recurso sin contenido real, porque no tiene la mayoría legalmente necesaria. Lo más fácil, y digno, sería dimitir, si no se recuperan los apoyos. En eso consiste la ejemplaridad. Exigible al rey y a todos…