Aunque el foso que rodeaba el Arsenal de Ferrol haya desaparecido, con la única excepción del tramo excavado en las inmediaciones de la llamada Puerta del Parque, la Puerta del Dique es un lugar ideal para intuir, cuando menos, el aspecto que tenía aquella obra hidráulica que en su tiempo incluso sirvió de refugio a los pequeños barcos de los pescadores. Porque bajo la monumental piedra armera que recuerda al rey Carlos III, se alzaba uno de los puentes que permitían salvar el foso y acceder al interior del recinto naval. Y parece que, paseando por el lugar, aún puede uno adivinar su antiguo aspecto.
(El dique que le da nombre ahora no es del siglo XVIII, precisamente, sino del XIX. Es el que construyó el ingeniero Comerma. Pero la ciudad ya ha asociado ambos monumentos.)