Los hijos del anciano violento niegan que se desentendieran y anuncian acciones legales

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.

Los hijos del anciano de 87 años, contra el que un juez dictó orden de alejamiento para proteger a su esposa y una hija que convivían con él debido a su actitud agresiva, niegan que se desentendiesen del problema.

El hombre falleció el pasado fin de semana en el Hospital Juan Cardona, donde se encontraba ingresado. Uno de sus tres hijos, que hace de portavoz, ha informado de que vivieron los últimos meses «una verdadera tragedia que nos gustaría que no se repitiese con otras familias». Porque, añade, al problema surgido en la casa debido al carácter del hombre mezclado en los últimos tiempos con episodios de demencia, se sumó la inoperancia, dice, en algunas instituciones.

Tras el último arrebato, la pasada semana, cuando el anciano a punto estuvo de clavar unas tijeras a la hija, decidieron, por consejo de los policías especializados que intervinieron, llevar el asunto al juez. El titular del Juzgado de Instrucción número 2 dictó entonces la orden de alejamiento, advirtiendo a los servicios sociales municipales de Ferrol que debían intervenir porque el encausado quedaba en desamparo. «Nosotros anduvimos toda la semana de un lado para otro», añade el portavoz, «del hospital naval (Psiquiatría del Marcide), a los servicios sociales, la policía, el hospital de Caranza o buscando nosotros mismos una residencia que lo acogiese...». Pero se encontraron con que un médico del Marcide, de malos modos, les dijo que tenían que llevarse a su padre de allí, que se encontraba bien. Estaba preparada ya una habitación en el Cardona, entre tanto no se hallaba residencia, pero el hospital público lo trasladó en una ambulancia al domicilio cuando ya existía la orden de alejamiento.

Ante tal coyuntura, intervino de nuevo la policía, que se lo llevó a comisaría hasta que fue derivado poco después al hospital de Caranza. «Queremos agradecer la labor de la trabajadora social municipal, Ana, que tenía el caso en sus manos. Hizo lo que tenía que hacer porque para este lunes tenía ya organizado el ingreso en una residencia de Oleiros, pero ya no hizo falta porque mi padre murió», comenta. Los hijos, explica también, se encontraron en algún momento como en un «país tercermundista» y no en una sociedad moderna en la que una familia pide ayuda a las instituciones y se encuentra metida «en esto». «No nos desentendimos», insiste, «podía matar a mi madre o a uno de nosotros».