Imagen:El historiador y profesor Xosé Manuel Suárez, autor del libro

La historia del buque «Mar Cantábrico», reeditada en español

El barco interceptado en 1937 fue traído a la ría donde fusilaron a parte de la tripulación


En 1937 el crucero Canarias , ya en manos franquistas, interceptó frente a la costa de Santander al buque mercante Mar Cantábrico , con 60 personas a bordo y un importante cargamento de víveres, armas y municiones, más varios aviones desmontados, para los ejércitos republicanos. Trasladado a Ferrol, la mitad de la tripulación fue fusilada. La historia de este trágico suceso aparece ahora en el libro Armas para la República , obra del historiador Xosé Manuel Suárez (Ed. Embora), que inicialmente apareció en gallego y ahora lo hace en castellano para su difusión en los países y comunidades españolas de donde procedían los muertos. La reedición amplía sustancialmente la primera versión con aspectos como la repercusión en México del suceso, porque cuatro de los hombres pasados por las armas y enterrados en el cementerio de Canido eran de aquella nacionalidad.

El navío pertenecía a una armadora vasca y fue requisado por la II República tras el levantamiento de Franco. En Nueva York y México cargó víveres, ropa infantil y armamento. Zarpó rumbo a España, simulando su derrota, nombre y bandera, pero la Marina franquista logró descifrar los mensajes enviados por el ministro Indalecio Prieto al lehendakari Aguirre. El historiador colige que los incidentes diplomáticos entre el embajador republicano en Washington y el gobierno de EE.?UU., y la visible salida de la motonave rumbo a Veracruz, con fotos en los periódicos locales, hicieron de lo que debería ser una misión secreta un episodio multimedia.

Xosé Manuel Suárez, doctor en historia y profesor de primaria en la escuela pública de O Val (Narón), pasa a diario frente al cementerio de San Mateo donde reposan los españoles del buque fusilados en la Punta del Martillo, el extremo de la dársena del Arsenal Militar de Ferrol. No es extraño que asumiese el reto de desentrañar todo lo ocurrido con el Mar Cantábrico . Su lectura es fiel ejemplo del aislamiento internacional en que quedó sumido el gobierno de Azaña al comienzo de la Guerra Civil, y sus dificultades para encontrar suministros para defender la legalidad constitucional frente a un ejército rebelde bien abastecido y auxiliado por divisiones regulares de alemanes e italianos.

El historiador también nos sitúa en el Ferrol de 1937, retaguardia franquista, a donde iban a parar los barcos incautados que pretendían llevar ayuda a las fuerzas leales en una lucha desigual: modernos buques de guerra contra motonaves y mercantes.

Porque el del Mar Cantábrico, con ser el caso más emblemático, no fue el único ni mucho menos. Suárez, en la edición nueva, habla también del Udondo , que llevaba solo carbón: 42 fusilados también en Ferrol sin ni siquiera un juicio sumarísimo. Se mataba a tal velocidad que el cementerio municipal de Canido no tenía cabida para tanta fosa común y por eso se buscaban camposantos parroquiales del entorno. También el Abando, Ulía o el Juan Mary . Otras operaciones republicanas tuvieron éxito, como la del Sil , otro mercante que a finales de 1936, tras zapar de Veracruz con ocho millones de balas, 24 cañones, 15.000 casquillos de proyectil, tres aviones Lockheed comerciales, dos mil fusiles Mauser y otros equipamientos logró entrar en Santander.

La suerte de los tripulantes y demás personas embarcadas del Mar Cantábrico fue desigual. Así, la única mujer, Socorro Barbarena, 19 años, de Veracruz, casada con un camarero del buque, permaneció retenida en el Hospital de Marina de Esteiro donde coincidió con Esther Casares, la hija de Casares Quiroga detenida y retenida en Ferrol durante mucho tiempo, como moneda de cambio contra su padre, el ministro republicano. Socorro fue expulsada luego a Portugal. Su marido Eugenio Llorens Caballero, valenciano de 38 años años, no corrió la misma suerte. Fue ejecutado en la Punta del Martillo, el 8 de julio del 1937, y es uno de los enterrados en la fosa común del cementerio de San Mateo, Narón. Los consejos de guerra del Mar Cantábrico y ejecuciones fueron a los pocos días de entrar en Ferrol.

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