Marte está un poco más cerca

Colonizar Marte es el objetivo. El viejo proyecto de enviar una misión tripulada acaba de recibir el impulso del presidente Obama, que se ha comprometido a cumplirlo con el apoyo de la industria privada. Quedan muchos retos por superar, pero es posible. Nada que ver con el fantasioso plan del visionario Elon Musk.


Redacción / La Voz

El plan de enviar humanos a Marte en absoluto es un proyecto nuevo. Es algo reiterado, pero a día de hoy todavía no existe la tecnología necesaria para conseguirlo y, sobre todo, aún no se ha dado una respuesta realista a cómo soportarían los astronautas la radiación de un viaje tan largo y la estancia en el planeta. «Desde hace casi 30 años vengo escuchando que en los próximos 25 o 30 años se realizará una misión tripulada a Marte. Obviamente cada vez está más cerca, a pesar de que existen problemas muy importantes aún por resolver, pero el progreso científico y tecnológico está contribuyendo a que sea cada vez más factible», explica Jesús Martínez Frías, geólogo planetario del Centro Nacional de Astrobiología, un centro asociado a la NASA. En este contexto, el impulso que acaba de dar al proyecto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, podría allanar el camino para superar los desafíos que aún quedan por resolver. Pero Marcos Pérez, director del Planetario de A Coruña, se muestra un tanto escéptico. «La exploración humana de Marte -advierte- es un clásico de los períodos electorales estadounidenses. Si miramos en la hemeroteca nos encontramos con que aflora cada cuatro años, y siempre coincidiendo con los debates electorales».

Los expertos, de hecho, coinciden en que se trata de una misión demasiado ambiciosa que es muy probable que Estados Unidos, ni con el apoyo de la industria, pueda acometer por sí solo. O al menos si no se plantea de forma seria un plan detallado al efecto, algo que aún no existe, con un presupuesto descomunal. La elevada inversión que requiere la misión es, precisamente, el gran y primer obstáculo. «Una empresa como esta seguramente necesita recursos en uno o varios órdenes de magnitud superiores a lo que todos los países del mundo empeñan en exploración espacial», destaca Marcos Pérez. El astrofísico Borja Tosar asiente: «Ni sumando los recursos de la NASA con la ESA se tendrían fondos para pagar la factura de un viaje tripulado a Marte. Poner un hombre en el planeta rojo cuesta del orden de unas cien veces lo que se viene gastando en las mejores misiones robóticas». Sería algo así como 200.000 millones de euros. En este contexto, Martínez Frías considera que es vital que exista «la mayor coordinación y cooperación internacional posible». Alejandro Cardesín Moinelo, ingeniero de la Agencia Espacial Europea (ESA), no ve imposible el objetivo de que el ser humano pise el planeta en la década de los 30, pero cree que la iniciativa está abocada al fracaso «si no existe un apoyo económico decidido y continuado de las administraciones públicas».

Muchas incógnitas

El dinero es fundamental para superar los retos técnicos y de infraestructuras para acometer una aventura de tal calibre, pero, aún en el caso de que se lograse reunirlo, existen otras dificultades. «Hoy -apunta Tosar- apenas tenemos dos lanzadores capaces de subir astronautas a la órbita de la Tierra. Hace falta de todo: un cohete capaz de subir grandes cargas al espacio, una nave capaz de mantener con vida una tripulación los seis meses que duraría el viaje y una base en Marte donde puedan permanecer los astronautas, que debe ser enviada previamente. La lista es enorme». El físico y director del planetario de A Coruña, Marcos Pérez, abunda en ello: «Hace falta -dice? resolver muchos problemas que ya se conocen y otros que ni siquiera se han planteado». También coincide en la apreciación el investigador Jesús Martínez Frías. «Existen -precisa- muchas incógnitas por resolver, de tiempo de ida y vuelta del viaje, de habitabilidad en el planeta, y no solo por la radiación, y, por supuesto, problemas médicos que hay que estudiar de una manera muy precisa».

Para Juan Ramón Vidal Romaní, director del Instituto de Geología Isidro Parga Pondal de la Universidade da Coruña y colaborador de la NASA en algunos proyectos, el principal desafío es el de la salud, porque no se trata de enviar un hombre a Marte, sino de que regrese con vida a la Tierra. «Es -sostiene- un viaje muy largo y de alto riesgo y creo que requerirá mucho dinero y experimentación para saber si será posible en un futuro inmediato. Pero el problema médico es el más grave, pues los otros son más fáciles de solucionar. La radiación de onda corta recibida en el viaje de ida y vuelta y durante la estancia es muy grave y difícil de resolver». Haría falta desarrollar tecnologías que, por ejemplo, protegiesen a las naves de la radiación durante un viaje de varios meses, algo que todavía no existe y no se sabe aún muy bien como conseguirlo. Pero, si se supera este contratiempo, quedaría aún lo peor: sobrevivir a la radiación y a las condiciones inhóspitas del astro rojo, que tiene una atmósfera muy tenue y sin un campo magnético, como el de la Tierra, que lo proteja.

«Hace años -explica Vidal Romaní- se pensaba utilizar los túneles de lava, que son cavidades que ya están hechas y están protegidas de la radiación cósmica y de la del Sol. Sería lo más seguro, más rápido y más fácil. Hacer una base en el exterior también puede ser factible, pero existe el problema de los fuertes vientos y de la radiación, que habría que apantallar de alguna forma». La cuestión es cómo se llevaría todo este material de la Tierra si a día de hoy no existe un cohete con la suficiente capacidad de carga.

Pero en la lista de numerosas cuestiones por resolver queda alguna que tampoco es baladí, y para la que en la actualidad todavía no hay solución: cómo aterrizar en Marte. «Es necesario crear -explica Marcos Pérez- un vehículo que lleve astronautas y deposite suavemente sobre la superficie un módulo de aterrizaje que después sea capaz de despegar y traer a los astronautas de vuelta. No hay un cohete así y hoy en día la mitad de los módulos de aterrizaje acaban estrellándose contra el suelo. Y nunca se ha hecho un despegue desde Marte, cuya gravedad es bastante menor que la de la Luna».

Una misión tripulada dentro de treinta años es sumamente compleja, pero, en cualquier caso, factible si existe voluntad política y un compromiso financiero sostenido en el tiempo. Pero lo que es bastante irreal, cuando no fantasioso, es el plan de Elon Musk, el multimillonario creador de Tesla y Space X de colonizar el planeta de aquí a fin de siglo mediante el envío de 10.000 naves, con cien viajeros cada una, hasta completar un millón de humanos marcianos. Y a un precio de 160.000 euros el vuelo, de los que el primero se realizaría en el 2024. «Es un proyecto totalmente imposible en los plazos que ha marcado, pero creo que hace falta visionarios como Elon Musk que apunten hacia lo imposible y que animen a los demás a emprender la aventura», sostiene el ingeniero de la ESA Alejandro Cardesín.

Más escéptico es Marcos Pérez. «Es -dice- una ocurrencia. Por desgracia, la colonización de Marte no es una vía de escape para nuestros problemas en la Tierra y, desde luego, no nos exime de nuestra responsabilidad de preservar el planeta». Y Vidal Romaní, que también ve el plan inviable, coincide: «Colonizar un mundo tan hostil no tiene ningún sentido».

 

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