Lo que pasa cuando nada te huele

Uno de cada cinco adultos tiene algún trastorno del olfato. El más desesperante es la anosmia, o pérdida total del olfato, que afecta al 5 % de la población, pero también se diagnostican cada vez más casos de deterioro parcial de la capacidad olfativa por alergias, infecciones respiratorias y contaminantes ambientales.

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18/06/2017 04:00 h

Al menos uno de cada cinco adultos sufre algún trastorno del olfato, según una revisión de estudios de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), que destaca entre las causas más comunes la rinitis alérgica o la inhalación de tóxicos.

 En EE. UU. un estudio publicado en la revista Chemical Senses revelaba que el 23 por ciento de los mayores de 25 años sufrían trastornos del olfato y que la prevalencia se incrementa con la edad, de modo que alcanza el 32 por ciento a partir de los 80 años. El género también influye ya que «se ha comprobado que las mujeres tienen un umbral más bajo que los hombres en cuanto a la detección de olores», según Héctor Vallés, miembro de la SEORL-CCC y especialista en olfato.

Entre los problemas más frecuentes está la disminución del umbral de olfacción o hiposmia y la ausencia completa de olfato o anosmia, que afectan al 5 por ciento de la población según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las alergias y las infecciones de las vías respiratorias altas son las causas más frecuentes de este deterioro y, de hecho, entre un 20 y 40 por ciento de los pacientes con rinitis alérgica sufren disfunción olfativa, que aumenta con la duración y gravedad de la enfermedad, según una revisión de estudios reciente publicada en The Journal of Allergy and Clinical Immunology.

Rinitis y químicos

«La rinitis alérgica, muy frecuente en esta época del año, produce una inflamación y obstrucción de la mucosa nasal y de los senos paranasales que pueden disminuir la capacidad olfativa de tal manera que los estímulos no llegan a alcanzar los receptores olfatorios», explica Vallés.

En estos casos suele mejorar «con la normalización del tránsito del aire, la regularización de la cantidad y calidad de moco nasal, así como con la disminución de la inflamación o, en todo caso, con la administración de corticoides», apunta.

Tras un cuadro catarral de vías altas también se puede producir una lesión del epitelio o de las neuronas relacionadas con la olfacción que cause parosmia, que afecta sobre todo a mujeres de entre 40 y 60 años.

Otras causas de pérdida de olfato que se engloban dentro de las sensoriales son las producidas por una destrucción del neuroepitelio olfatorio como consecuencia de la inhalación de químicos tóxicos, como en el caso del incendio del vertedero de neumáticos de Seseña.

«Existe un buen número de contaminantes ambientales e industriales causantes de anosmias o hiposmias como el benceno, benzol, disulforo de carbón, disolventes de pintura, mentol, o incluso el cloro o el agua muy clorada, entre otros», apunta Vallés. Asimismo, el tabaco, las drogas, y algunos tratamientos radioterápicos pueden causar hiposmia, mientras que también hay diversos fármacos y enfermedades que pueden causar disfunción olfativa como el Alzheimer, el Parkinson, la enfermedad de Huntington, algunos tumores cerebrales y la epilepsia.

Las consecuencias

La pérdida de olfato dificulta la calidad de vida y modifica el apetito e incluso el estado de ánimo en las personas que la sufren ya que, como explica este experto, «va muy ligado al gusto y juega un papel muy importante en la alimentación puesto que influye en la ingesta de determinados alimentos». Esto conlleva que los afectados no sean capaces de distinguir los alimentos en descomposición o mal estado, ni «tampoco el placer del olor de una buena comida».

«El olfato aporta un conjunto de sensaciones, emociones y placeres en relación al gusto que pueden determinar también el estado de ánimo por lo que su ausencia puede repercutir en nuestro bienestar psicológico al generar frustración», según Vallés. Entre las medidas de prevención recomendadas para evitar la pérdida de olfato el doctor Vallés incluye «evitar la exposición prolongada a productos tóxicos o contaminantes y, en caso de que sea inevitable, usar mascarilla; hidratarse bien, evitar el contacto con alérgenos y la vacunación antigripal, ya que el virus de la gripe es responsable de un buen número de anosmias.

Quienes pierden el olfato no pueden distinguir los alimentos en descomposición ni el placer del olor de una buena comida

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