Cuándo debe andar un bebé

¿Cuándo deberían saber caminar los niños? ¿Es bueno que lo hagan descalzos o con algún tipo de calzado especial? ¿Los padres deben interferir en el proceso? ¿Qué hay del tacatá y las correas? El jefe de traumatología del hospital Materno Infantil de A Coruña, el doctor Pedro González Herranz ofrece las claves para ayudar al bebé a la hora de dar sus primeros pasos.

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20/06/2017 11:04 h

En apenas un año de vida, los bebés se convierten en auténticos exploradores. Cuando comienza la etapa del gateo, los niños puede ampliar su horizonte y en poco tiempo lograrán ponerse de pie y dar sus primeros pasos. Es ahí cuando a los padres les surgen numerosas dudas sobre cómo ayudarles en un aprendizaje que les permitirá convertirse en seres autónomos.

 Lo primero que deben tener claro los progenitores es el período en el que un niño debe comenzar a dar sus primeros pasos, que va desde los 11 hasta los 18 meses aproximadamente: «Excluidos los prematuros, a los 18 meses los bebés deben tener una marcha autónoma. Si al año y medio de vida no lo han conseguido es cuando se debe consultar al pediatra primero, luego a un especialista en neurología infantil y a veces también a nosotros, los ortopedas o traumatólogos infantiles», explica Pedro González Herranz, jefe de traumatología del Hospital Materno Infantil de A Coruña.

A pesar de lo que pueda parecer, el hecho de que un menor consiga caminar no depende de sus extremidades, ni de sus pies: «El hito de conseguir la deambulación es un proceso de maduración cerebral. Hasta que el cerebro no tenga la suficiente maduración que le permita interrelacionar el equilibrio con la necesidad de ponerse de pie y que le entre la curiosidad para ver qué es lo que hay encima de la mesa o desplazarse para ver qué es ese ruido que está oyendo, no va a caminar. Es decir, que son sus neuronas y la interconexión entre ellas, las que van a determinar la capacidad que tiene un niño de caminar. De la misma forma que el habla, el reconocimiento de las personas o la identificación de los sonidos. Todo depende de la maduración cerebral, que es lo que nos va a condicionar y es lo que les va a dar inteligencia a los niños», añade.

No todos los bebés consiguen gatear, pero sí la mayoría. Que un niño logre desplazarse a cuatro patas forma parte del proceso evolutivo de conseguir dar sus primeros pasos: «Lo primero que hacen los niños es sujetar la cabeza, luego empiezan a sentarse y a tener el control del tronco. Después son capaces de moverse en el suelo y el siguiente paso es ponerse a cuatro patas, a gatear. Ven que se desplazan más rápidamente y, finalmente, logran ponerse de pie. Ahí descubren que tienen una visión más alta, que amplían el horizonte, es cuando consiguen caminar», explica antes de aclarar que no debe preocuparnos que un niño no gatee: «A veces hay procesos que interfieren. La edad del gateo va desde los nueve hasta los doce meses. Si en ese período de tiempo, por cualquier motivo, los padres o las condiciones del domicilio no se prestan a que el niño esté por el suelo gateando, pues a lo mejor se puede obviar esa fase. En otras situaciones, el período de gateo se extiende mucho y están los niños gateando hasta los 18 meses porque se han hecho unos expertos gateadores y no ven la necesidad de dar el siguiente paso», afirma.

«Si al año y medio el niño no tiene una marcha autónoma, a no ser que sea prematuro, hay que consultar al pediatra»

Una vez que los menores logran dar sus primeros pasos, los padres no deben obsesionarse con la colocación de los pies o de los tobillos: «Además de los problemas para controlar el equilibrio, existen otros condicionantes como es la laxitud y la cantidad de agua que tienen los ligamentos de un niño, que le va a conferir una característica que es fisiológica y que no nos tiene que preocupar. Que veamos un niño con el pie descalzo que tiene un aspecto de pie plano o que el tobillo lo hunde por la parte interna, o que mete un poco el pie no es preocupante, sino que debe considerarse como un aspecto fisiológico y que forma parte de su evolución normal», dice. Precisamente, el primer escollo que debe superar el bebé para dar sus primeros pasos es mantener el equilibrio. Algo que no es tarea fácil ya que la proporción de su cabeza es superior a la de los adultos, «quiere decir que tiene una porción de su cuerpo que es muy pesada y en una posición muy alta que, a poco que la mueva, se va a desequilibrar. Ese es el motivo por el cual los niños amplían tanto la base de sustentación y separan las piernas».

En cuanto al hecho de si deben aprender a caminar descalzos o con algún tipo de calzado especial, el doctor González Herranz explica que no existe ninguna base científica que demuestre que un tipo de zapato concreto vaya a conseguir que el niño desarrolle y pie anatómicamente perfecto: «Hay estudios realizados en población infantil de África que durante años y años caminan descalzos y se les ha comparado con adultos que tienen las mismas características. Los pies de los adultos son normales, y en cambio los de los niños tienen un aspecto de aplanamiento. Esto apoya que la laxitud que tienen estos niños es fisiológica y no debe preocuparnos», explica no sin antes destacar que el 90 % de la población tiene pies normales: «Los pies patológicos que hay que tratar son muy pocos», aclara.

También recuerda que si los padres optan por calzar a los bebés, deben tener en cuenta unas premisas básicas a la hora de elegir un zapato: «El calzado tiene que ser flexible, transpirable y, según la edad y el momento, debe reforzar algunos aspectos. Por ejemplo, el zapato tipo bota va a sujetar un poquito más el tobillo durante los dos primeros años de vida del niño y el pie se va a deformar menos. Los zapatos no deben ser deslizantes, es decir, tienen que tener una superficie de agarre para que el niño no resbale. Son unas características que cumple la mayoría. También debemos saber que los zapatos de plástico y de materiales sintéticos son poco recomendables porque provocan un aumento del calor y de la humedad dentro del pie del niño», explica el doctor González Herranz.

También recuerda a los padres que en el momento de dar su primeros pasos hay que dejar que el niño tome la iniciativa: «Si hay algo que caracteriza a un niño es su afán de explorar nuevas cosas y el querer moverse de una habitación a otra. La estimulación la tiene ya el propio niño, no hace falta ninguna externa si no tiene ningún tipo de trastorno», concluye.

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