¿Es el cáncer una cuestión de azar?

Después de saber que ya hemos superado la cifra de tumores diagnosticados estimada para el 2020, un nuevo estudio revela que la mala suerte es decisiva. Los oncólogos piden que no se baje la guardia, apuestan por un estilo de vida saludable y por las terapias que combinan el ejercicio físico con la motivación mental


Se manifiesta en un centenar de formas y aunque algunos visionarios se atreven a ponerle fecha a su fin, el cáncer sigue siendo uno de los principales retos de la investigación médica. Anuncios como el de que estamos cada vez más de cerca de hallar su cura definitiva son recibidos con escepticismo y cautela por parte de los oncólogos. Luis Miguel Antón Aparicio, jefe del Servicio de Oncología del CHUAC, está dentro de este grupo. «Mis ojos desde luego no lo verán», apunta. «Es inherente al desarrollo humano. No se va a erradicar nunca porque es una enfermedad, en esencia, intrínsecamente genética», razona. Esta realidad no es incompatible con un futuro que define como «prometedor», en la investigación. «Se puede afirmar que muchos tipos de cáncer tienen cura. Si el número de pacientes ha crecido es porque ahora diagnosticamos más y mejor y, por tanto, hay más supervivientes», insiste el médico, responsable de una unidad que colabora en más de 90 ensayos clínicos. Los supervivientes de larga duración, más de 5 años después de superar el cáncer, son un grupo que va creciendo.

 

A partir de los 55

La mala suerte

El macroestudio que acaba de publicar la revista Science no coge por sorpresa a los médicos. El trabajo precisa el porcentaje de tumores cuya causa no es otra que la mala suerte. Un nada desdeñable 65%, es decir, dos de cada tres cánceres se producen por un error en el copiado de ADN que realizan las células madre en su proceso de división y duplicación para generar otras células. Una alteración cuyo origen no está ni en una herencia genética determinada ni en un componente externo, como el tabaco, las grasas o la radiación ultravioleta de la luz solar, sino en una distorsión fortuita. Los matemáticos y genetistas autores del estudio analizaron 31 tejidos distintos. Aquellos en los que hay mayor generación celular son también los más propensos a padecer un tumor. Por eso se explica que el carcinoma sea más frecuente que el melanoma, las células basales se dividen mucho más que los melanocitos. Lo mismo sucede, según la investigación, con el cáncer de colon si se compara con el que afecta a otra parte del intestino como el duodeno. En el primero se producen más divisiones celulares que en el segundo. Con un riesgo hereditario similar en ambos casos, los tumores en el colon son hasta 30 veces más habituales.

 

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