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Las batas que curan los miedos

Homer Simpson y Shrek se pasean por el Materno coruñés y lo hacen «montados» en las batas de auxiliares de clínica y enfermeras, que pretenden hacer más llevadera la estancia de los más pequeños

20 de marzo de 2016. Actualizado a las 15:08 h. 12

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Patch Adams, el gran divulgador de la risoterapia como cura, tiene grandes seguidores en el Materno Infantil, que apuestan por convertir este centro hospitalario en un entorno amigable. Pese a que las normas establecen rigidez en el uniforme hospitalario, enfermeras y auxiliares de clínica de las unidades de Lactantes, Escolares y del Hospital del Día se pasean con un muestrario andante de las novedades en personajes animados para niños de las últimas tres décadas.

Encarna  Pérez Villarroya y Lorena Souto Pousa, supervisoras de enfermería, explican que comenzaron a llevarlos en Escolares en 1986 y después fueron contagiándose de dibujo animado las batas de otros servicios. «A algunas de cirugía infantil nos los hace el marido de una compañera que pinta muy bien, y otras los mandan a pintar a una persona que tienen ellas de referencia y que les cobran 20 euros por uniforme. Son todos pintados a mano», explica Encarna Pérez. Solo alguna enfermera «más mañosa» opta por decorarlo ella misma. 

Los motivos son variados. Desde la Familia Telerín, a Dora la Exploradora y el mono Botas, las Tres Mellizas, Los Simpson, Winnie the Pooh, Spiderman y hasta Shrek y Asno adquieren movimiento por los pasillos y consultas gracias al personal sanitario. «Lo que hay que plantear es que hay que renovar un poco la temática, porque algunos ya no los conocen ni los niños», coinciden ambas. El hecho de que sean todos personalizados hace que algunas opten por tener detalles únicamente en los bolsillos y otras por elementos más grandes. Hablan en femenino porque, admiten, solo algún compañero llevó motivos «discretos» en algún uniforme en el pasado, pero han desistido porque requiere más cuidados. Muchas llevan los uniformes a lavar a casa para salvaguardar la integridad de los colores y otras, más arriesgadas, aseguran que los mandan igual a la lavandería, aunque admiten que van desluciendo.

«Lo imprescindible es que se vea la identificación de personal, el número de plantilla y la categoría profesional, eso hay que conservarlo siempre», matiza Souto como la única parte que debe estar libre de pintura, pero la temática es libre y explica que casi siempre optan por llevar solo la parte de arriba pintada. «Hay uniformes que están preciosos como el que nos enseñó Mercedes el otro día, que tiene purpurina, colores muy vivos, una Dora Exploradora grande con burbujitas en pequeño», comenta Souto a modo de ejemplo de originalidad.

No es lo único que llevan, Encarna Pérez muestra todo un muestrario de broches hechos por pacientes con los que decoran los uniformes cuando no llevan los pintados. 

Respecto a si la idea triunfa entre los peques, Encarna Pérez contesta con un «por supuesto, totalmente. De hecho cuando los empezamos a pintar hicimos una propuesta a la dirección de enfermería de poner los uniformes oficiales de muñequitos, e incluso hay alguna enfermera que por su cuenta se pone una casaca así, pero no está permitido porque no es la uniformidad de este hospital». En ese caso, son prendas que ya venden hechas para servicios de pediatría y que en otros centros sí están autorizadas. En el Materno esta idea se llegó a barajar e incluso se analizaron distintos modelos, pero no llegaron a aprobarse. Pero sobre la opción de llevar los pintados, Encarna Pérez asegura que «no han puesto ningún problema, yo creo que les encanta», y Lorena Souto remarca que es porque «la respuesta de los niños es siempre positiva, no es lo mismo encontrarte una bata blanca, que unos dibujos; no lo identifican tanto con personal sanitario, es una forma más amigable de recibirlos». No hay personal médico que se sume a la decoración de los uniformes, pero lo suplen, muchos, con muñecos colgados en los fonendos o bolígrafos con pompón a modo de distracción. 

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