«Lo mío con el vino fue un amor a primera vista»

«No tenía ni idea de este trabajo -explica María Luisa- pero un día decidir dar un giro a mi existencia, dejar las leyes y estudiar enología y viticultura, para crear mi propia bodega». Ella es la esencia de Ferratus

.

04/06/2017 04:00 h

No se cansa de repetir que ser viticultor o bodeguero tiene mucho de arte y de magia, «porque hace falta pasión, emotividad, creatividad, sabiduría, paciencia y cariño».

-¿Por eso dice que lo suyo fue un amor a primera vista?

-Totalmente. Cuando alguien comienza un proyecto de la envergadura de Ferratus sin pasión, se queda en el camino. Yo me enamoré y aquí llevo ya 14 años con la ilusión del primer día. Es muy bonito todo esto y no regateas tiempo y esfuerzo para lograr lo que buscas. En el año 1997 trabajaba como licenciada en derecho en Madrid y decidí cambiar mi vida por completo. Así que me vine a Aranda a ejercer de madre y a estudiar el mundo del vino, que me permitió obtener varios másteres en este campo. Con la ayuda de nuestro padre, Pedro Cuevas, mi hermano Enrique y yo nos pusimos manos a la obra para cumplir el sueño de nuestro progenitor. El mismo nombre, Ferratus, es también un homenaje a él y a su labor empresarial, que siempre estuvo ligada al sector del hierro en Castilla y León.

-Las condiciones meteorológicas, las inquietudes de la vendimia, la incertidumbre de la crianza, el inmovilizado durante tantos años... ¿pero vale realmente la pena?

-Por nada haría una cosa diferente. Mis compañeros bodegueros o viticultores (y aprovecho para decir que tengo muchos amigos en Galicia) me entenderán perfectamente. No se sabe por qué, pero esto engancha. Todo es cierto. Las inquietudes son constantes todo el año, las angustias terribles y en la época de vendimia el tiempo es una obsesión que no te deja vivir. Te levantas por la mañana y lo primero que haces es mirar que pasa fuera y observar el cielo, porque si hay algo incontrolable es el clima. Hay que conseguir que la naturaleza te de lo mejor que tiene, pero todos los años son diferentes. Como me decía siempre mi amigo Arcadio, «las vendimias no son todos los días, y menos mal». Pero también te da muchas alegrías y satisfacciones y eso lo compensa todo, hasta la parte más dura desde el punto de vista empresarial, que es la venta. Es muy difícil el mercado, diría incluso que cruel, porque la competitividad que nos hemos creado nos está amargando la vida a todos. Pero, también sé que eso es inevitable.

-Esta misma semana recibía en Madrid el Diamante al mejor vino y a la mejor bodeguera, en el palmarés Vino y Mujer, ¿y dice que no le gusta presentarse a premios?

-No, no me gusta, pero este es un caso muy especial y el premio me ha hecho mucha ilusión, porque lo dan mujeres y en él se valora, fundamentalmente, el papel que juega la mujer en la bodega, que es determinante para conseguir un vino diferente. Además, hay que tener en cuenta que los gustos entre hombres y mujeres son distintos y las sensibilidades también.

-Hablamos de tintos, pero María Luisa se declara una fan de los blancos ¿tiene en mente algún proyecto en este campo ?

-Por ahora no, pero nunca se sabe. Yo soy una mujer de tintos con alma de blancos, porque me fascinan. No es fácil, porque estos terrenos no son los mejores para esos vinos, pero yo ya hice, y con éxito, algunos experimentos. Lo que sí elaboramos es rosado, muy pocas botellas, porque el objetivo fundamental es agradar a mi padre.

-Y tres tintos en Ferratus.

-Sí, todos monovarietales de Tempranillo, con diferentes elaboraciones y crianzas y todos también muy bien puntuados en las guías internacionales. Ferratus A0, que es el joven de la saga, realiza la fermentación maloláctica mayoritariamente en barricas de roble francés y americano.

Ferratus es el buque insignia de la bodega. Criado en barrica, presenta un hermoso color intenso. Al servirlo en la copa caen lentamente largas lágrimas de glicerina, que hablan de la alta calidad del vino. En la cata se descubren aromas de fruta roja y negra y, rememorando nuestra infancia, de caramelo de violeta. La madera, siempre sutil, aporta notas de tabaco, chocolate y le confiere una gran complejidad.

Y, por último, tenemos el Ferratus Sensaciones, un caldo elaborado solamente con uvas de las cepas del pago de Santa Cruz de La Horra, que por su antigüedad le dan una enorme personalidad. Este vino tiene 15 meses de crianza en roble.

Votación
1 votos
Comentarios