La alfombra mágica de Martín Códax

Se llaman Os encontros de Códax y permiten viajar por el mundo a través de los vinos de Nueva Zelanda, Chile, Japón, Italia, Grecia o Francia. En las dos primeras sesiones el timón lo llevaron Sarah Jane Evans y Norrel Robertson, dos Master of wine, uno de los títulos más respetados en el mundo del vino, pues solo 360 personas de todo el mundo han conseguido superar los exámenes.

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04/06/2017 04:00 h

Hace tiempo que en la bodega Martín Códax hay espacio para la cara más cultural del vino, la que tiene que ver con la música, el arte o los viajes. Os encontros de Códax es su nueva propuesta en esta senda y permite subirse a una alfombra mágica que viaja desde los viñedos de Argentina a una copa con el aroma griego de Santorini. Y todo regado por los comentarios de Sarah Jane Evans y Norrel Robertson, dos poseedores de uno de los títulos más pesados en cuanto a conocimiento del vino, ya que solo 360 personas en el mundo han superado las pruebas del Institute of Masters of Wine de Londres como ellos.

Sarah James Evans abrió el ciclo con una cata a ciegas en la que el juego era adivinar y dejarse seducir sin condicionantes. Con el primer blanco se viajó a Molinos, una zona Argentina dura y agreste -tanto que allí se rodó La guerra de las Galaxias- de la mano de una uva de la D.O. Valle de Cafayate llamada torrontés (nada emparentada con la gallega del mismo nombre). «Bebiendo este vino con tanto aroma en la viña se sienten las estrellas, porque los viñedos están a 3.000 metros, son de los más altos», precisó una guía que apostó por la presentación, con tapón de rosca: «¿Por qué no? no afecta a la conservación y es más cómodo para llevar a la playa, aunque yo sé que en España es difícil cerrar botellas con algo que no sea corcho».

Vindel, la propuesta gallega

Las propuestas de la primera tarde viajera por los blancos del mundo tuvieron una parada en Galicia de la mano de Vindel, de Martín Códax, al que algunos de los sumilleres presentes en la mesa situaron como un riesling alemán por su estructura. No todos. Katia Álvarez, una de las enólogas de la bodega (en la imagen de la derecha), colaboraba en la presentación de cada copa y entre el público estaba Luciano Amoedo, el otro enólogo y novena generación de una familia que se hizo con los primeros premios hace décadas. Fue él quien replicó en bajito: «Cheira a Salnés toda a vida». Y así era. Gustó a los participantes, entre los que estaban la sumiller Esther Daporta o el alma de la marisquería D’berto, que lo veía al lado de sus mejores piezas. Y eso que Vindel llegó tras el argentino y otro de suelos volcánicos. «Podría ser un vino del Etna, pero es de la isla de Santorini», reveló Sarah sobre un Hatzidakis de viñas de la uva assyrtiko, tan viejas que crecen arrastrándose por el suelo en forma de nudos y cuyas fotos impresionaron. Evans regó la cata con maridajes, detalles de las bodegas y de las modas de su país, donde, por ejemplo, los vinsanto de Santorini son lo último. «La tendencia nos lleva vinos blancos con acideces muy marcadas, tensos en boca y con málicos agresivos», apuntó Katia Álvarez, que al igual el que el director de la bodega, Juan Vázquez, dejaron ver que en Martín Códax siguen las novedades sin dejar atrás su tradición.

El recorrido incluyó un espumoso inglés, un Nyetimber de la región de West Sussex con tres variedades: chardonnay, pinot noir y pinot meunier. También saltó al sur Australia, de la mano de un riesling de la casa Grosset y hasta llegó hasta Nueva Zelanda con un Kumeu river que presentaba una chardonnay que no hizo sombra las uvas rosas del Vindel de los anfitriones. Todo un viaje entre copas que prometen repetir pronto.

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