«Urxencia 0», la serie que te «robará» el corazón

El equipo creador de la serie y los profesionales del equipo de trasplantes trabajaron codo con codo para acercar la realidad a los sectores más reticentes a la donación. «Con que la gente hable de ello, ya habremos triunfado»


A partir del próximo domingo, el equipo de trasplantes del Hospital Balmís entrará en las casas de miles de gallegos para robarles el corazón, pero solo en sentido figurado. Urxencia Cero, la nueva serie de Voz Audiovisual para la TVG, narra la vida diaria del equipo médico que devuelve la vida a los receptores de la donación de órganos. Son profesionales inspirados en los médicos de Unidad de Trasplantes del Chuac, que esta misma semana ha sido reconocido como el hospital de España que más trasplantes realizó en el 2015.

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Tanto Alberto Guntín, director de Desarrollo de Voz Audiovisual y editor de la serie, como Antón Fernández, coordinador de trasplantes del Chuac, reconocen que uno de los objetivos de este proyecto audiovisual es «entender que detrás de los titulares hay personas y que la importancia de las cifras no son los récords sino la cantidad de gente que ahora mismo tiene la oportunidad de tener esperanza de vida y una calidad de vida mucho mejor que la que tenía». Y para que esa esperanza se haga realidad, como apunta Antón Fernández, «las personas que están detrás del trabajo son muy importantes. Algunos puede que salgamos más en los medios, pero tan importante es la persona que limpia el quirófano como el que después da los puntos y cose el órgano, Si el que limpia el quirófano no lo hace bien, el paciente igual se muere infectado». 

¿Y cómo lograron que la realidad de los trasplantes no se quedara pequeña en la ficción? Pues con algo de formación, documentándose... y con una gran dosis de humildad. «Una de las cosas que aprendimos muy rápido -cuenta Alberto- es que por mucha documentación que hiciésemos no somos médicos ni vivimos en un equipo de trasplantes. Ellos nos supervisaron los guiones y eso es un currazo impresionante, porque nos metíamos en unos marrones bastante complicados. Para que las tramas funcionen a veces hay que forzar la realidad, pero siempre tuvimos muy claro que no podemos mentir, y para eso tuvimos detrás a gente como  Antón y el personal de enfermería que coordina los trasplantes, que nos sirvieron de guía».

Historias muy humanas

Historias de la vida real, con trama humana, son el ingrediente principal de esta nueva apuesta televisiva, en la que queda reflejada la gran implicación personal de todo el equipo médico que participa del milagro de los trasplantes. «Nosotros no trasplantamos solo al paciente -explica Antón Fernández- trasplantamos también a su familia. Una persona que está esperando un corazón, un riñón o un hígado tiene una limitación física, laboral y económica muy importante. Hay que intentar curarlo a el porque esa familia necesita también el trasplante. Ellos (los guionistas) lo que hicieron fue venir a acompañarnos y ver lo que hacíamos y se sorprendieron un poco del contenido humano de la relación que se establecía». 

La realidad, esa fuente de inspiración inagotable, dejó apuntes para personajes como una de las enfermeras, inspirada en Lupe, su alter ego en el Chuac. «Lupe es la coordinadora de enfermería hepática y de pulmón -aclara Alberto- nos fijamos en que ella siempre iba con su libretita, donde anotaba todos los datos de contacto de -sus niños-, porque, claro, cuando aparece un órgano, el tiempo en el que tiene que presentarse el paciente en el hospital es casi inmediato. Vimos esa empatía tan especial que tenía hacia sus pacientes y pensamos: '¡eso hay que contarlo!'»

Y lo contaron. También recrearon, y esto no fue fácil, los dilemas morales a los que los médicos se enfrentan en este delicado proceso. «La implicación y el dilema moral intentamos hacerlo muy fiel -añade Guntín-. Ese momento, por ejemplo, de elegir si una persona entra o no en una lista de trasplantes. Decidir eso es difícil. Ellos son médicos, pero también son personas». Y es que, como cuenta el coordinador de Trasplantes, «desde que un paciente entra en lista de espera nosotros pasamos a formar parte de su familia». El problema viene porque solamente el 50 por ciento de los pacientes que se estudian entran en lista de trasplantes. «La otra mitad se queda por el camino, y eso significa que vas a morirte. Es así, no hay alternativa. No hay órganos para todos, es una cuestión de oportunidad, si tuviéramos menos órganos para trasplantar incluiríamos menos gente en lista de espera, porque a los que están tenemos que darles una opción. No podemos crear falsas esperanzas».

Urxencia Cero es la primera serie de médicos gallega. Un gran reto que comenzó con sus pequeños miedos, sobre todo para un equipo médico que no se ve demasiado reflejado en historias como las de Anatomía de Grey. «Esta es una serie en la que yo personalmente, y la gente que trabaja en los trasplantes nos sentimos cómodos -asegura Antón-. Yo creo que las cuestiones que más nos importa transmitir desde el mundo de la donación y del trasplante están ahí. Está ahí la generosidad, la distribución de los órganos, los criterios éticos, el proceso en sí y el hecho de que nadie va a tener menos oportunidades por una cuestión económica o ninguna condición especial. Después... -ríe- ¡ya nos gustaría a los médicos vivir en un hospital donde hubiera tanto ambiente y con unos despachos tan grandes!. Y en el tema de las relaciones humanas, en un sitio donde trabaja tanta gente existen, tanto las buenas como las malas. Hay conflictos, envidias, amores y desamores. ¡Seguro! Pero yo me siento cómodo.  A mi me gusta mucho la serie». 

Un mensaje positivo

Pero lo que de verdad animó a los médicos a colaborar en el proyecto fue la posibilidad de que el mensaje a favor de la donación llegase hasta el último rincón de Galicia. «Cuando Alberto nos planteó la serie yo le di vueltas. Era un reto y un riesgo, y uno siempre tiene el miedo de trivializar -confiesa Fernández-, pero después pensé lo que nos podía ayudar en la transmisión del mensaje a favor de la donación. En Galicia tenemos dificultad para llegar a ciertas zonas, más rurales, las áreas de la población de más edad, que son los sitios donde más negativas tenemos a la donación. En la ciudad de A Coruña, por ejemplo, el porcentaje de negativas puede ser del 5% como mucho, pero en A Costa da Morte el porcentaje alcanza el 50 % o más. Nosotros sabíamos que este tipo de series las ve un segmento de la población en Galicia que a nosotros nos interesaba mucho que la viera y ese era un mensaje que podíamos mandar. Y por eso estamos encantados».

Que se hable en casa, ese es el objetivo. Alberto Guntín recuerda que «una de las cosas divertidas que había en plató cuando se planteaban los conflictos, las necesidades de las donaciones, era que veías a la gente del equipo en el garaje fumando y hablando de esto. Si conseguimos que la gente simplemente hable del tema en sus casas un domingo a la hora de comer, que se posicione y se plantee esto sin tabúes extraños yo creo que sería un éxito».

Porque esa es la principal dificultad con las donaciones. Que mucha gente está a favor pero nunca lo dice claramente. «Lo que hay que hacer es tomar la decisión y compartirla -recuerda el coordinador del servicio-. Nosotros ya sabemos que el 90 por ciento de la población está a favor, es muy extraño que no quieras hacerlo. Pero nuestro gran problema surge cuando tú lo has decidido pero no has dicho nada. Si tú simplemente lo has dejado dicho, es todo mucho más fácil». 

En plena cuenta atrás para el estreno, tanto Alberto como Antón tienen grandes esperanzas puestas en este proyecto, que tuvo sus pequeños escollos. «Lo más complicado -explica el primero- fue, en la escritura del guion, no mandar mensajes erróneos, de esos que si le llegan a la gente luego ellos van al hospital y dicen: '¡oye que yo he visto en la serie esto!'. Pero en ese aspecto tuvimos mucha ayuda».  Y, en la parte técnica, los quirófanos cedidos por el Centro Tecnológico hicieron que todo sea mucho más real. «Yo tenía mis dudas porque ves las series de médicos y a veces da un poco imagen de cartón piedra, sobre todo las partes técnicas. Pero me he quedado perplejo con la calidad, creo que yo no la he visto igual en ningún otro sitio».

 Tampoco veremos mucha sangre. «La casquería no aportaba nada». Pero si historias que muchos han vivido más o menos de cerca y otros, por desgracia, vivirán en el futuro. Historias que, como la realidad, no siempre pueden tener final feliz, porque «no hay órganos para todos». Pero si un increíble equipo humano que deja la piel para devolver vida a sus pacientes. De la realidad a la ficción.

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