Los nuevos horizontes del sistema solar

Las imágenes de Plutón han sorprendido a la comunidad científica.La sonda New Horizons Hoy se encuentra un poco más cerca de su próximo destino, el cinturón de Kuiper 

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Plutón necesita 248 años terrestres para dar una vuelta alrededor del Sol. Nuestra relación con este pequeño mundo que ha ido empequeñeciéndose a medida que se ampliaba el conocimiento es más corta. Una historia que se remonta a finales del siglo XIX. El hallazgo de Urano y Neptuno gracias al telescopio moderno había originado una fiebre científica por dar con nuevos mundos en el borde del Sistema Solar.  Las observaciones acabarían dando sus frutos cuando se detectó una anomalía en la órbita de Neptuno.  Su movimiento indicaba que debía de existir algún objeto cerca que estaba ejerciendo una influencia gravitatoria.  Los científicos de la época se lanzaron a la búsqueda del que llamaron planeta X. Fue una carrera larga y con varios protagonistas.  A comienzos del siglo XX la lideró el millonario Percival Lowell con su gigante telescopio. Sin embargo, habría que esperar hasta 1929, cuando el director del observatorio Lowell, en honor del creador ya fallecido, encomendó la tarea de localizar  ese misterioso mundo a un joven astrónomo llamado Clyde Tombaugh. «Solo hay que pensar cómo eran los coches por entonces para imaginar cómo podía ser la astronomía. No había ordenadores ni detectores. Lo que tuvo que hacer es fotografiar el cielo durante meses para dar con algún objeto que se moviese respecto al fondo de estrellas fijo», comenta el astrónomo Borja Tosar. En febrero de 1930, comparando imágenes, Tombaugh por fin lo encontró. La noticia fue portada en los periódicos y despertó la curiosidad de una niña,  Venetia Katherine, que escribió al observatorio para sugerir un nombre para ese planeta X, Plutón, en honor del dios del inframundo.  Descubierto y bautizado, poco más se supo de él. El planeta está tan lejos que ni siquiera el satélite espacial Hubble, puesto en órbita en 1990, pudo ofrecer imágenes válidas para investigar. «Todo nuestro conocimiento de Plutón siempre ha cabido en un folio», comentó hace unos días Alan Stern, investigador jefe de la New Horizons.

En 2006 la NASA puso en marcha la histórica misión que llevaría una sonda hasta Plutón. La agencia norteamericana tuvo que apurar los plazos porque se está alejando del Sol en su órbita tan excéntrica.  Un contratiempo que ponía en peligro el estudio del mecanismo natural más interesante para la ciencia, su atmósfera. «Uno de los modelos indica la posibilidad de que Plutón y Caronte, su satélite principal, puedan compartir  atmósfera. Podría ser además pulsante, que aparece y desaparece según esté más o menos cerca del gran astro», comenta Tosar. Para llegar a Plutón en un tiempo razonable se diseñó la nave más rápida de la historia. Los astronautas del Apolo 11 tardaron tres días en llegar a la Luna, la New Horizons recorrió esa distancia en ocho horas. En trece meses ya estaba en Júpiter. 

«Para llegar a Plutón es necesaria mucha velocidad porque hay que escapar de la gravedad del Sol.  En Júpiter la nave realizó una asistencia gravitatoria para acelerar todavía más. Esta maniobra es algo parecido a descender con una bicicleta. La New Horizons se dejó caer en el pozo gravitatorio del gigante gaseoso con una velocidad suficiente para no quedar atrapada  y para salir disparada. Eso le ha permitido llegar en menos de diez años», explica el astrofísico. 

Cuando la New Horizons despegó en 2006,  el objetivo era llegar al único planeta que quedaba por visitar del Sistema Solar.  Pero a medida que la sonda se alejaba con las cenizas de Clyde Tombaugh en su interior, en la Tierra, la Asociación Astronómica Internacional protagonizaba una discusión sin precedentes. «Los telescopios espaciales habían descubierto nuevos objetos más allá de la órbita de Plutón, como por ejemplo Eris, que es aún más grande.  Existían dos opciones, aceptar a esos nuevos mundos en la categoría de planetas o degradar a Plutón. Se optó por lo segundo»,  añade Borja. 

De alguna forma aquella difícil y polémica decisión dio un giro a la misión.  La sonda ya no iba al encuentro del último de los planetas que todos aprendimos en la escuela sino del primer planeta enano. El nombre Nuevos Horizontes tomaba otro significado ya que la sonda se adentraría en esa zona desconocida donde puede haber otros muchos mundos como Plutón. «El pasado 14 de julio la nave llegó a Plutón pero después pasó de largo, la intención nunca fue  quedarse. Iba demasiado deprisa para poder frenar y quedarse en su órbita. Durante la máxima aproximación tomó una enorme cantidad de fotografías y  datos que irán llegando en los próximos meses», recuerda el astrónomo.

Las primeras imágenes que la sonda envió a la Tierra sirvieron para poner fin al debate sobre su tamaño. Su diámetro es de 2370 kilómetros, un poco más grande de lo esperado.  Pero la sorpresa llegó en forma de montañas de hielo, un descubrimiento que indica que aún sigue activo. «Son montañas recientes, de unos cien millones de años. Lo sabemos porque en Plutón apenas se aprecian impactos. Esto significa que algún proceso natural ha regenerado la corteza. Lo llamativo es que para que un planeta tenga tectónica de placas, debe ser grande para disponer de un manto y un núcleo, y Plutón no lo es. Otros mundos pequeños, como Ío, sí que la tienen pero porque está al lado de un gigante, como Júpiter, y su fuerza gravitatoria genera una fuerza de mareas tan intensa que crea calor por fricción.  Plutón tampoco tiene ningún cuerpo masivo cerca, así que ahora mismo es un misterio el origen de sus montañas», termina Tosar.

La próxima parada de la New Horizons será el cinturón de Kuiper, la región con asteroides y cometas que envuelve el Sistema Solar. Allí podrían estar esperándole nuevos y diminutos mundos como Plutón.  Después, compartirá destino con otras sondas como las Voyager, vagar por la galaxia durante miles de años ejerciendo como embajador de nuestro planeta.

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