Ana Moser, en los años 90, era la principal líder de la selección brasileña femenina de voleibol. Era la que más hablaba con la prensa, la que lideró un boicot contra un entrenador, la que exigía respeto de las cubanas con la cara pegada a la red. La delantera, junto a sus colegas, conquistó medallas de oro, plata y bronce, metales que ayudaron a popularizar el deporte en Brasil. En los diccionarios, palabras como «saque» y «recepción» pasaron a contar con nuevos significados. En las escuelas, cuando no se jugaba al fútbol, se montaba una red en el centro de las canchas. Sucedía así también en el colegio en que estudiaba Gisele Bundchen. A los 13 años, la chica no pensaba en ser modelo. Quería convertirse en jugadora de volei, soñaba con ser Ana Moser.

Gisele vivía en Horizontina, una ciudad de colonización alemana con 17 mil habitantes, localizada en el estado de Rio Grande do Sul, en el extremo Sur de Brasil. La comida tradicional son los asados de carne y la bebida el mate, hábitos necesarios para soportar las temperaturas negativas en el invierno. En 1994, Dilson Stein, un agente de modelos local, ofreció allí un curso de postura corporal. Gisele fue una de las chicas que acudió a las clases, de la mano de su tía. 

La altura, el cuerpo delgado y, sobretodo, la personalidad determinada de la chica llamaron la atención de Dilson, que se acercó a la tía de Gisele y le dijo: «ella tiene todo para ser una de las principales modelos del mundo». Dilson logró incluir a Gisele en una excursión a São Paulo, donde iba a promover un desfile con chicas de Horizontina, al que acudió también Zeca de Abreu, director de Elite, una de las agencias brasileñas de modelos más famosas de aquellos años. 

Cuando entró en el auditorio, a la primera que Zeca vio fue a Gisele. «Siéntate aquí a mi lado», le pidió. Después de hablar con ella, el director le exigió a un asistente, que, «por el amor de dios», amarrara a la chica y que no la dejase escapar de ninguna manera. Estaba, sobre todo, atrapado por los ojos de Gisele, ojos que él define como «increíblemente brillantes».

Después del evento, Zeca invitó a Gisele y a su madre que le acompañasen a la agencia. Pero esto no estaba en el programa. La excursión de Dilson prometía, tras la conferencia, un paseo al Play Center, entonces el principal parque de diversiones de São Paulo. «No me voy a la agencia, ¡quiero irme al Play Center!», dijo Gisele. 

-«Pero quieres ser una modelo o quieres ir al Play Center?», le preguntó Zeca. 

Quiero ser modelo».

Zeca convenció a Gisele para que visitase la agencia y conociese el trabajo de la empresa. Más tarde, mientras conducía Gisele de regreso a su hotel, Zeca le dijo: 

-«Fíjate niña, tienes todo para convertirte en una modelo de prestigio internacional». 

-«¿Sí?», le contestó Gisele, más interesada en los rascacielos de São Paulo que en las pasarelas del mundo. 

-«Sí, niña. ¡Y para de ser pueblerina!». 

Zeca invitó a Gisele a regresar a São Paulo en las vacaciones de invierno para hacerle unas fotos y que pasase por un proceso de adaptación. «Ven, que voy a llevarte al Play Center», dijo para convencerla de volver. Ella aceptó y cogió un autobús hacia la metrópoli, junto a unas amigas de Horizontina. Las chicas, acompañadas por la madre de una de ellas, se instalaron en un piso que pertenecía a Dilson. En su equipaje, Gisele traía una carta lacrada escrita por su madre y que estaba dirigida a Zeca. Ella le pedía, por favor, que cuidase de su hija. «Es una nena muy jovencita que no sabe nada de la vida», relató.

-«¿Puedo ver la carta?», pedía Gisele a Zeca.

-«No, no puedes».

-«¿Pero que hay ahí», insistía.

-«Es una petición de tu madre, que me autoriza a pegarte si no te portas bien», burlaba Zeca. 

Él acordó con Gisele que le llevaría a casa todos los días, cuando acabase su turno en la agencia. Aunque en poco tiempo Gisele no quiso esperarle y empezó a coger autobuses y a volver sola. Tan pronto llegaba, iba a un teléfono público y llamaba a Zeca: «Oye, ya estoy aquí, estoy bien», le decía. Acabó adaptándose fácilmente a la metrópoli, a la que regresaría de forma definitiva en 1995. Esta vez, se fue a vivir a un apartamento que pertenecía a la agencia de Zeca. Al reencontrarle, la chica de los ojos increíblemente brillantes le dijo:

-«Bueno, ya que no puedo ser Ana Moser, voy a ser la mejor modelo que hay».

Aunque algunos clientes de la agencia criticasen su nariz, Gisele fue bien aceptada por el mercado brasileño de la moda. «Era una chica muy determinada y muy centrada en su carrera, extremadamente atenta a los puntos a mejorar», la define Zeca, que jamás cumpliría la promesa de llevar a Gisele al Play Center. 

Entre otros consejos, el experto le decía que debía saltar menos en la pasarela, cambiar los hábitos alimentarios y dejar de comer Doritos, además de fijarse, con mucha atención, en el book de Kate Moss. 

-«Mira, Gisele, que repertorio de expresiones tiene. ¿Ves que no repite ninguna cara? Hay que ser así y saber representar cada mujer: la inteligente, la deportista, la sensual». 

En opinión de Zeca, el carácter atento y objetivo de Gisele vino reforzado por una buena estructura familiar. Su madre siempre estuvo muy unida a ella, mientras que su padre se preocupaba especialmente de la carrera de su hija, exigiendo, incluso, planes y garantías a la agencia. Gisele, posteriormente, pasaría a tener el control de su carrera, asumiendo la personalidad gestora heredada del padre. «Es una mujer de negocios», la define Zeca. Este rasgo se confirmó en el 2011, cuando la modelo lanzó su propia marca de ropa interior: Gisele Bündchen Intimates. 

Desde Brasil para el Mundo

En 1997, Gisele desfiló en Londres, invitada por Alexander McQueen, que se quedó encantado con su cuerpo. Tras la presentación de la brasileña, lo único que el estilista conseguía decir era «Body, body, body». Después de Inglaterra, Gisele desfiló con éxito en Milán y París antes de llegar a Nueva York y llegar a ser reconocida también por la prensa y la moda estadounidense. 

Al largo de sus veinte años de carrera, Gisele hizo campañas para marcas como Chanel, Alexander Wang, Balenciaga, Valentino, Victoria`s Secret, Versace y Louis Vuitton. Ha sido, en los últimos ocho años, la modelo mejor pagada del mundo, según la revista Forbes. Solo en el 2014, según cuenta la publicación, la brasileña cobró 47 millones de dólares 

Más allá de las pasarelas, Gisele estableció una vida confortable y tranquila en Los Ángeles, como se puede deducir de las fotos que publica en Instagram. Está casada con Tom Brady, ídolo del fútbol americano, con quien tiene dos hijos. Le gusta el yoga, las canciones de Jack Johnson, de Marisa Monte y de la banda Legião Urbana. Ahora prefiere las comidas saludables, nada de cosas industrializadas, y no se maquilla cuando sale de casa para recoger a sus hijos en la escuela. Para estar perfecta a ella le basta con unos vaqueros, una camiseta y una chaqueta.

La despedida en Brasil

Gisele siempre fue muy religiosa y siempre rezó antes de desfilar. Se sentía tensionada, ansiosa y nerviosa en los minutos precedentes a su entrada en las pasarelas, especialmente si estaba en su país, donde los asistentes a los desfiles suelen comportase como hinchadas. Gisele se portaba igual que un deportista o que un boxeador instantes antes de subir al ring, con la ventaja de que no necesitaba herirse para ganar. Se obligaba a si misma, como una atleta, a concentrarse, a privarse de muchas cosas: comidas, instantes, momentos con la familia. Y fue justamente para poder pasar más tiempo con los suyos y dedicarse a otros proyectos por lo que Gisele decidió atender a las señales de su cuerpo y retirarse. Quiso hacerlo en su país, en la ciudad que la reveló a la moda.

Todos la ovacionaron cuando entró en la pasarela, el pasado miércoles, para desfilar por la marca Colcci, en la São Paulo Fashion Week. Se presentó en tres ocasiones, con modelos diferentes. En el último pase apareció vestida de modo informal, con unos vaqueros y camisetas, como si estuviera en una calle cualquiera, de un país cualquiera. Estaba acompañada por amigas modelos, que la homenajeaban con camisetas que tenían su rostro estampado. Según una periodista brasileña amiga de Gisele, ella seguía siendo la misma chica de Horizontina, solo que con algunos años y algunos millones más. Al salir de la pasarela, Gisele no aguantó la emoción y empezó a llorar. Quizá se haya acordado, en aquel instante, de la niña que más de 20 años atrás llegó a São Paulo con ganas de irse al Play Center.

Speechless... Thank you, thank you, thank you! #forevergrateful ????? Sem palavras... Muito, muito, muito obrigada! #parasempregrata

Una foto publicada por Gisele Bündchen (@giseleofficial) el

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