Para tomarse vacaciones sí hay pacto

A pesar de la grave situación política, los diputados aplazan un pleno para tener 21 días libres por Semana Santa


Madrid / La Voz

En medio de un convulso inicio de legislatura en el que el consenso político ha sido imposible en el Congreso hasta para las cuestiones más nimias, sus señorías han conseguido alcanzar un acuerdo por unanimidad. Y este no es otro que el de concederse a sí mismos unas generosas vacaciones de más de veinte días sin actividad parlamentaria para disfrutar sin prisas de la Semana Santa. Para ello fue necesario que los grupos aprobaran el aplazamiento del pleno previsto para la última semana de marzo entre los días 29 al 31 de marzo, que obligaba además a celebrar mañana una junta de portavoces para fijar el orden del día. Ahora, tras el acuerdo unánime de todos los grupos, ese pleno no comenzará hasta el 5 de abril, con lo que, teniendo en cuenta que el último se celebró el pasado 15 de marzo, los diputados estarán un total de 20 días seguidos de vacaciones para poder descansar cómodamente junto a sus familias en el destino que cada uno considere oportuno.

De nada ha servido el hecho de que el Congreso viva uno de sus períodos más complicados en democracia ni que el país lleve más de tres meses con un Gobierno en funciones. Ni siquiera el hecho de que el Ejecutivo parezca dispuesto a declararse en rebeldía y no someterse al control del Parlamento. Todos esos debates quedaron aplazados y se impuso el acuerdo cuando varios miembros de la Mesa del Congreso propusieron retrasar el pleno de la última semana de marzo.

Viajes ya programados

¿Y qué esgrimen sus señorías para justificar semejante ataque de generosidad a la hora de concederse días de vacaciones? Pues que muchos de ellos tenían ya planeados viajes junto a sus familias en los que se incluían los tres primeros días de la Semana Santa, lunes, martes y miércoles, que no son festivos. Nadie puso demasiadas objeciones a la propuesta, pero el presidente del Congreso, el socialista Patxi López, decidió curarse en salud y esgrimió que una decisión tan relevante como la que supone aplazar un pleno debería contar con el respaldo de todos los grupos parlamentarios. Nadie quería, al parecer, que algún partido pudiera aprovechar la situación para acusar al resto de tomarse vacaciones injustificadamente. Y dicho y hecho. Todos votaron a favor, el calendario de sesiones que ya había sido aprobado se modificó en tiempo récord y sus señorías hicieron las maletas.

Los diputados no regresarán hasta el martes 5 de abril, aunque aquellos menos afortunados que formen parte de la Junta de Portavoces tendrán que hacer el gran sacrificio de presentarse en Madrid el día 29 para ordenar el pleno que se traslada a la primera semana de abril. A pesar de la escasa prisa que parecen tomarse los grupos para resolver los asuntos pendientes, entre las cuestiones que deben incluirse en ese orden del día figuran temas tan relevantes como la propuesta del PSOE de llevar la negativa del Gobierno a someterse al control de la Cámara hasta el Tribunal Constitucional para que este decida cómo solucionar un conflicto institucional sin precedentes.

Amenaza de disolución

La situación es todavía más grotesca si se tiene en cuenta que, en caso de que no se consiga formar Gobierno antes del 3 de mayo, las Cortes quedarán automáticamente disueltas y se convocarán elecciones. En ese caso, sus señorías permanecerían apenas un mes en sus puestos de trabajo desde que regresen de sus generosas vacaciones de Semana Santa. El Gobierno y el Congreso, al parecer, pueden esperar. Los días de asueto con la familia, no.

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