Hijo de un republicano enterrado en San Amaro al que ocultó Sánchez-Albornoz

Adolfo Suárez, con su madre en el entierro de su padre, Hipólito Suárez Guerra, en 1980.
Adolfo Suárez, con su madre en el entierro de su padre, Hipólito Suárez Guerra, en 1980.

Marzo es mal mes para los Suárez. Si el pasado día 23 moría Adolfo Suárez, su padre era enterrado el 22 de marzo de 1980 en el cementerio de San Amaro. Volvía a la ciudad donde había nacido en 1905 y de la que se marchó a Cebreros, donde fue procurador y se casó con Herminia González. Conocido por sus ideas republicanas, tras comenzar la Guerra Civil, Hipólito Suárez escapó a Ávila, donde lo tuvo escondido Claudio Sánchez-Albornoz, elegido diputado en febrero de 1936.

Recordaba el historiador Carlos Fernández en este diario que los abuelos paternos de Adolfo Suárez, que también están enterrados en el cementerio coruñés, «vivían en Santa Catalina hasta que pasaron a la calle Real, en el edificio de la confitería La Jijonenca». Más adelante «se trasladaron a la plaza de María Pita, donde vivía la madre con dos hijas, una de las cuales se casaría después con el coruñés Fernando Pérez Martínez».

Cuando, el 23 de abril de 1976, Claudio Sánchez-Albornoz, presidente de la República en el exilio, regresó, se reencontró con el padre de Adolfo Suárez y, curiosidades del destino, ahora ambos yacerán en el claustro de la catedral de Ávila.

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