Un santuario de delincuentes venido a menos

El trabajo de las unidades policiales especializadas

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La operación Clotilde que la Guardia Civil dio por concluida en Lloret de Mar con cuatro detenidos, acusados de blanquear en los últimos años más de 56 millones de euros de dos de las más poderosas mafias rusas que operan en el área de Moscú - la Solntsevskaya y Solomonskaya- no es fruto de la casualidad.

No es es la primera ni será la última operación de gran envergadura contra contra unas organizaciones criminales que empezaron a frecuentar primero y a instalarse después al litoral mediterráneo español, hace dos décadas. Llegaron buscando sol y tranquilidad para ellos y sus familias, pero no tardaron en dedicar una parte de su tiempo y sus habilidades criminales a invertir y blanquear sus ingentes patrimonios monetarios, aprovechando el bum del ladrillo y las lagunas de la legislación antiblanqueo en nuestro país. Pero este panorama se ha modificado radicalmente en los últimos años, y se ha acabado la sensación de impunidad de la que disfrutaban.

En este cambio de escenario han sido determinantes años trabajo silencioso del Servicio de Información de la Guardia Civil, de la Brigada Central de Crimen Organizado de la Policía y, sobre todo, la apuesta decidida por la especialización de las Fiscalía General del Estado que potenció una Fiscalía Anticorrupción, que durante un tiempo no tenía de eso más que el nombre.

Este trabajo comenzó a dar sus frutos tras el 2005 cuando se crearon y luego potenciaron las unidades policiales especializadas en el crimen organizado, que contaron también con el necesario apoyo fiscal y judicial y la colaboración, en menos casos de los requeridos, de las autoridades rusas.

Las operaciones Mármol Rojo, Avispa, Troika y Java, llevadas a cabo a lo largo del último quinquenio por los distintos grupos policiales especializados se saldaron con la detención y encarcelamiento de Izguilov, Kalashov, Malishev y Petrov, cuatro primeras figuras de las mafias rusas asentadas en España. La operación de Lloret de Mar tiene todos los visos de ser un fleco de investigaciones anteriores. La pieza más valiosa es Andrei Petrov, el churrero reconvertido en magnate, y lo más relevante, sus conexiones políticas. También, la confirmación de que se acabó la impunidad.

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