Don Felipe necesita una herencia ejemplar

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on Juan Carlos renunció a todos los poderes que heredó del franquismo y apostó por la democracia. Eso le ganó el aprecio incluso de quienes no son monárquicos. Don Felipe no tendrá ese impulso de inicio, ya que España es hoy una democracia plenamente asentada. Tendrá que ganarse por sí solo la confianza de los ciudadanos. Convendría por tanto que recibiera la Corona con el mayor respaldo a la institución. Por eso, el rey debería meditar la conveniencia de la sucesión. Cabría recordarle que su padre, don Juan de Borbón, renunció en su favor a todos los derechos históricos que heredó de Alfonso XIII, anteponiendo así la supervivencia y estabilidad de la monarquía a sus propios intereses. Las circunstancias actuales no son las de 1975. Y por eso don Juan Carlos debería promover la máxima transparencia en la Corona. El rey, como todos los ciudadanos, tiene derecho a mantener la privacidad sobre su vida y sus relaciones personales. Pero está fuera de lugar que se fuerce a los españoles y a la opinión publica a mantener la ficción de un matrimonio férreamente unido si es que tal cosa no existe. El monarca tiene también derecho a cometer errores. Pretender lo contrario sería atribuir al jefe de Estado una infalibilidad de la que solo gozan los que los son del Vaticano, y solo para quienes comparten su fe católica. Solo en caso de que violara la legalidad, incumpliera o hiciera dejación de las funciones que le atribuye la Constitución, cabría pedir cuentas. Pero es innegable que el hecho de que un rey tenga que pedir perdón daña a la monarquía.