Siendo verdad que ni Rubalcaba ni Chacón son lo que el PSOE necesita para salir de su crisis profunda, la victoria del veterano exvicepresidente del Gobierno es, paradójicamente, más esperanzadora que la de la joven exministra. Resulta obvio que alguien que lleva más de 30 años ocupando un cargo público -Chacón tenía 11 cuando Rubalcaba ya pisaba moqueta- no puede ser nunca una expectativa de futuro. Y menos, de renovación. El nuevo líder del PSOE parece consciente de esa situación. Y ha dejado reflexiones que invitan a pensar que él mismo se considera un hombre de transición. Una solución capaz de garantizar cierto orden a la espera de la verdadera catarsis. Dice Rubalcaba, y es muy posible que así sea, que no tiene por qué ser el candidato. La magnitud de su derrota lo inhabilita. No es lo que el PSOE necesita. Pero, al menos, él parece dispuesto a buscarlo.
Muy distinta habría sido la situación en caso de haber sido Chacón la triunfadora. Su juventud y su arrojo temerario implicaban el arranque de un nuevo proyecto para el que, evidentemente, no había cimientos. Habría lastrado al PSOE. Lo último que necesitaban los socialistas en este momento era otro período de improvisación y ocurrencias. En el PP filtraban que temían más a Chacón que a Rubalcaba. No es cierto. Desde ayer, Rajoy mantiene la duda sobre quién será finalmente su rival. Y, mientras tanto, tiene un contrincante rocoso en el Parlamento. Con Chacón, el líder del PP tenía garantizados ocho años de Gobierno.