¿El ocaso del juez estrella?

El empeño de Baltasar Garzón en investigar los crímenes del franquismo puede llevarlo al banquillo y acabar con casi 30 años de controvertida carrera judicial


¿Quién es ese personaje que hasta ahora ha sido noticia porque durante 29 años se ha dedicado a sentar a gente en el banquillo y ahora lo es porque están a punto de sentarlo a él? Baltasar Garzón, a diferencia de una buena parte de los miembros de la carrera judicial de este país, no se crió entre códigos civiles, penales o mercantiles. El segundo de los cinco hijos de Ildefonso Garzón -un campesino de la localidad jiennense de Torres-, como muchos jóvenes de su generación, ingresó a los 11 años en el seminario, donde, a buen seguro, le hablaron de la justicia divina.

En Un mundo sin miedo, el segundo de sus cuatro libros, relata que a los 17 años dejó el pueblo para irse a Sevilla a estudiar Derecho y confiesa que las historias de la Guerra Civil escuchadas en la infancia de boca de su tío Gabriel y el paso por el seminario influyeron en él de forma determinante a la hora de escoger esa carrera.

Comienza su etapa universitaria en 1974, el año de la Revolución de los Claveles portuguesa, y, como estudiante, se enfrenta por primera vez a la policía que pretendía arrebatarle un clavel rojo. Acaba Derecho en 1979 y dos años más tarde ingresa en la carrera judicial con el número 11 de los 51 de su promoción. En enero de 1988 llega a la Audiencia Nacional y ahí comienza su carrera hacia el estrellato.

Las primeras fotos suyas que coparon portadas de periódicos y telediarios fueron las de la operación Nécora, contra el narcotráfico en Galicia, en junio de 1990. Vino a la comarca de Arousa a dirigir sobre el terreno la macrorredada contra los hasta entonces anónimos capos gallegos y escuchó los primeros aplausos de las madres contra la droga desde las ventanas de la vieja comisaría de Vilagarcía donde, paradojas del destino, se habían fundado en su día las falanges gallegas.

La promoción nacional de aquella operación policial se la dieron los nombres de personajes como Carlos Goyanes, el ex de Marisol, y el empresario Celso Barreiros.

Pronto empezó a destacar en la investigación judicial del terrorismo etarra. Fue el primer juez español que se desplazó a Francia para interrogar a la cúpula de la banda. A la vuelta de uno de esos viajes, ETA asesinó en Madrid a la fiscala Carmen Tagle, que lo había acompañado.

Criticado como instructor

En el año 1992, poco antes de dar su fugaz salto a la política, ordenó la detención del traficante internacional de armas Al Kassar. Su posterior absolución dio pie a algunos para calificarlo de mal instructor.

En abril de 1993 deja el juzgado para irse a la política, pero en mayo del año siguiente ya está de vuelta. Al poco tiempo de reintegrarse a la carrera judicial reactiva el sumario por el secuestro de Segundo Marey, el último que seguía abierto del caso GAL, que acaba con la condena del ex ministro Barrionuevo y otros dos altos cargos de Interior. Es algo que todavía hoy muchos no le perdonan en las filas socialistas.

En 1996 inicia una ofensiva judicial contra el entorno de ETA que acaba seis años más tarde con la ilegalización de Batasuna y otras organizaciones afines. Después vendría el procesamiento y detención de Pinochet en Londres que le dieron proyección internacional.

El interés político-mediático que suscitan estos temas lo ha mantenido permanentemente en el candelero. En uno de los múltiples libros que se han escrito sobre él se recoge un cita de vértigo: entre el año 1989 y el 2005 se le menciona en 39.768 ocasiones en los despachos de la agencia Efe y en las ediciones impresas de los diarios de mayor difusión nacional. Con este caché, en enero del 2005 se va a Nueva York a impartir y recibir docencia. No pensaba volver al juzgado, pero en julio del año siguiente ya estaba de vuelta.

Se dice de él que es un yonqui del trabajo. Sus funcionarios lo corroboran y aprovechan la primera oportunidad para pedir un cambio de destino. Desde que volvió se centró en el tema de la memoria histórica y el caso Gürtel. Este último sigue su curso, pero el primero está a punto de costarle su carrera. Y todo por el empeño de la ultraderechista Manos Limpias y de un juez progresista, Luciano Varela.

¿Estamos ante el ocaso de una estrella? Son muchos los que sostienen que también hay vida fuera del planeta Audiencia Nacional.

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