Los actuales deberes en secundaria desmotivan y favorecen la desigualdad

Un estudio de la UDC sobre mil estudiantes demuestra que las tareas deben cambiar

Los deberes en secundaria Los deberes en secundaria

redacción / la voz

El Giped, el grupo de investigación en psicología educativa de la Universidade da Coruña (UDC), está a favor de los deberes, pero con cada uno de sus estudios descubre que las tareas extraescolares están tan mal planteadas en la actualidad que solo repercuten de forma negativa en el alumnado: los desmotivan y agrandan la brecha entre ellos. El último trabajo, que acaba de ser publicado en la revista Cultura y Educación incide precisamente en esto, y lo hace después de un concienzudo trabajo de campo entre 899 alumnos de toda secundaria en 14 centros de tres provincias del norte, una asturiana y dos gallegas.

La radiografía de la situación no puede ser peor. Según explica Bibiana Regueiro, investigadora del Giped y autora principal del trabajo, «según pasan de curso la implicación de los estudiantes en los deberes empeora, cuando tenía que ser exactamente al contrario». Lo que dice Regueiro es que «puede parecer lógico que un alumno de primero no entienda muy bien por qué tiene que aprender ciertas cosas o para qué le pueden servir. Pero en ningún caso es justificable que un estudiante de cuarto tenga las mismas dudas, porque ya debería entender qué se le pide y sobre todo por qué». Pero eso ocurre y encamina al alumno hacia el hartazgo.

Página 25, ejercicios 3 y 4

La investigadora de la UDC no duda en situar el origen del error: «En general, a los alumnos gallegos de secundaria les siguen presentando los deberes igual que siempre: página tal, ejercicios número 3, 4 y 5». Eso, explican desde el Giped, es un despropósito educativo. «La praxis de los deberes es muy mala -señala con rotundidad- y hay centros que trabajan por proyectos que sí entienden las tareas de otra manera, pero la mayoría sigue con un sistema uniforme que perjudica a todos, aunque más a quienes tienen peores resultados». Y no se trata ya de cuestiones de entorno familiar, o al menos no solo eso.

Los investigadores tomaron para su trabajo el rendimiento en Matemáticas, Lengua Española e Inglés. El objetivo era establecer la relación deberes-aprendizaje en tres materias muy diferentes pero comunes durante toda la ESO. Las Matemáticas exigen razonamiento y es una asignatura en la que ni España ni Galicia están demasiado bien (Galicia, por ejemplo, tiene un 494 en PISA, manteniendo el mismo rendimiento que hace diez años, y por debajo de los 512 de Ciencias o 509 de Lectura). En cuanto a Lengua e Inglés, se buscaban asignaturas lingüísticas que además exigiesen comprensión, como ocurre con el Inglés.

Con las notas en estas materias, detectaron que «los estudiantes con los niveles más altos de rendimiento académico en Matemáticas y en Lengua Inglesa eran los más motivados intrínsecamente para hacer los deberes escolares». Para la investigación, este punto es fundamental: «Se ha comprobado -explica el estudio- que en este período de la vida de los jóvenes, más allá de la familia, los compañeros, los profesores y las actividades extraescolares, la motivación es un factor poderoso en el desarrollo de la implicación de los alumnos en su vida académica». A la motivación se suma la percepción de utilidad que ellos ven en la tarea a desempeñar, el clásico «¿esto para qué sirve?» que escuchan con frecuencia los profesores.

Y en los deberes no solo influye cómo los afronta el joven, sino otras cuestiones más objetivas: cantidad, el tiempo que le dedican y el aprovechamiento de ese tiempo (cuántos deberes hacen en cuánto tiempo).

Ganas de colaborar

Ha sido al cruzar estas dos lecturas (motivación del estudiante y esfuerzo objetivo en las tareas) con las notas y el género con lo que los investigadores trabajaron para sus conclusiones. Es cierto que también hablaron directamente con los profesores y los alumnos. Estos además, participaron de forma muy activa: «Les pedimos que nos cubriesen un cuestionario especialmente largo e intenso, en el que invertían una hora fácilmente, y vimos que además tenían mucho interés en contestar correctamente, por ejemplo, en el punto de cuántas horas dedicaban a las tareas, solía preguntarnos qué queríamos saber, si las horas diarias o semanales», recuerda Regueiro. Tenían la ventaja, además, de que los profesores no estaban en el aula durante la encuesta y «eso les daba más libertad para contestar, por ejemplo, cuántas veces dejan los deberes sin hacer o con qué frecuencia se los copian a un compañero».

Conclusiones

Las conclusiones son las ya avanzadas: con cada año que pasan en ESO, los alumnos tienen menos deberes, pero les lleva el mismo tiempo porque no les interesan, los consideran inútiles y rutinarios, una tarea a la que se les obliga sin motivo. Si eso ocurre con los alumnos más implicados y con mejores notas, la situación empeora considerablemente en quienes no llevan bien el curso: para los alumnos con peor rendimiento los deberes son unas tareas inasumibles que o bien no las realizan o lo hacen mal y sin ningún aprovechamiento.

Capítulo aparte merecen las chicas. Según este estudio, las mujeres tienen que trabajar más tiempo que sus compañeros para obtener el mismo resultado que ellos, además de una forma significativa. La investigación no apunta a una causa, aunque Bibiana Regueiro baraja posibles motivos: «Puede ser que las chicas sean más meticulosas y quieran hacerlo mejor, comprobar las cosas. Y también puede influir que tengan otro ritmo de crecimiento diferente y que antes que sus compañeros estén interesadas en otras cosas». O sea, que se entretienen más con el móvil mientras tienen que hacer las tareas en casa.

La solución pasa por menos tareas, más interesantes y con diferentes niveles

El estudio del Giped incluye también algunas recetas que pueden interesar a los maestros que quieran mejorar el aprendizaje:

Menos cantidad

Coordinación. Es una de los problemas mayores de secundaria. Un profesor propone unos deberes sin saber exactamente qué carga tienen los alumnos en las restantes materias. Una mayor coordinación permitiría ajustar las exigencias de esfuerzo a la capacidad de los alumnos en cada momento.

Más adecuados

Distintos niveles. Es difícil que un profesor pueda determinar cada día las tareas en función del alumno concreto, sobre todo si sigue el sistema tradicional (si trabajan por proyectos, por ejemplo, es más fácil que cada estudiante se autorregule). Pero el trabajo liderado por Bibiana Regueiro apunta una solución intermedia: «Pueden establecerse varios niveles en la misma clase» y así cada alumno puede encontrar tarea suficientemente estimulante sin que le abrume.

Más significativos

Una utilidad palpable. A un alumno de primero de ESO el profesor de sociales le puede mandar que se estudie las características del arco gótico o pedirle que saque fotos con su móvil (o señale de otra forma) arcos apuntados en su ciudad y explique por qué ve que se ajustan a esa descripción. El objetivo es el mismo pero la motivación del alumno resulta completamente diferente al ver que eso que estudia le permite entender el mundo que le rodea.

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