Una ruptura conflictiva dispara un 37 % el riesgo de fracaso escolar de los niños

La probabilidad de caer bajo el umbral de la pobreza es del 33,9 %, dice un estudio

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redacción / la voz 03/05/2017 05:00 h

La ruptura de una pareja, más allá de lo que implica para los adultos, puede tener consecuencias perjudiciales para los niños o adolescentes que forman parte de la familia. Un estudio publicado en Frontier in Psychology sobre los riesgos de la separación en los menores, elaborado el año pasado por varios componentes del equipo del programa de Ruptura de Pareja, no de Familia, concluye que, en el caso de separaciones o divorcios conflictivos, el riesgo de incremento de la tasa de fracaso escolar es del 14,6 %. No solo eso. Porque, como indica el trabajo, en términos socioeconómicos «el incremento de la probabilidad de caída bajo el umbral de la pobreza es del 33,9 %; el riesgo de estar expuesto a la violencia de género crece en un 43,2 %; de sufrir depresión aumenta un 20 %, y de padecer la ansiedad, un 17 %. Además, puede haber un alza de la hostilidad de un 27 %, lo que puede derivar luego en conductas delictivas.

Prevenir todas esas consecuencias negativas en los menores cuando se produce una ruptura de pareja es uno de los grandes objetivos del programa de Ruptura de Pareja, no de Familia, que llevan a cabo desde le 2002 las Universidades de Santiago y de Vigo. Sobre todo para que estos problemas no permanezcan enquistados hasta la vida adulta desembocando en consecuencias más graves. 

Por el bien del menor

Hace 15 años, cuando se creó la unidad con base en Compostela, el índice de rupturas donde no había consenso era mayor que ahora. Los tiempos han cambiado y, como explica Ramón Arce, uno de los coordinadores del programa, catedrático de Psicoloxía y responsable de la Unidade de Psicoloxía Forense de la Universidade de Santiago (USC), «buena parte de los padres que llegan a la unidad lo hacen de forma voluntaria». La razón la matiza otra de las responsables de la unidad y catedrática de Psicología Básica y Psicología Jurídica del Menor de la Universidade de Vigo, Francisca Fariña: «Las parejas que vienen voluntariamente lo hacen porque su preocupación son los hijos o hijas, quieren aprender a hacer las cosas bien. Que la separación no les perjudique».

Otra cosa muy diferente es cuando los envía el juzgado. «Al principio -dice Fariña- la preocupación inicial es el informe que harán los técnicos para el juzgado. Tras la intervención, muchos de ellos cambian y empiezan a centrarse en sus hijos o hijas». De ahí la importancia de intervenir para cambiar hábitos que son fatales, pero los padres no acaban de entenderlos como tal hasta que no acuden a terapia.

Lo que observan en el programa es que cada vez son más las familias que acuden a pedir ayuda a la unidad, subiendo a más del doble en los últimos años. Los usuarios demandan colaboración para «hacerlo bien».

Una de las modalidades más demandadas es la de sensibilización para adultos. Pueden acudir no solo los progenitores, sino también la familia extensa (abuelos, tíos o nuevas parejas). La terapia es de carácter individual para cada familia.

Pero no es el único programa. Hay otras modalidades que trabajan a nivel grupal. No lo hacen solo con adultos, también con menores. El pasado día 21 de abril dio comienzo la edición de un nuevo plan grupal, donde están trabajando con 15 progenitores y 10 hijos.

Un servicio de intervención que funciona con voluntarios

El programa Ruptura de Pareja, no de Familia, lleva implementándose en Galicia con apoyo institucional desde el 2004 hasta el 2015. Actualmente, tras perder la ayuda del Ayuntamiento de Santiago, da el servicio con voluntarios. Orientado a familias con hijos menores, que están inmersas en un proceso de ruptura de pareja, dispone de diferentes modalidades. También se lleva a cabo un proyecto de mediación extrajudicial gratuito.

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