Yo quiero ser maestra

Cinco estudiantes de último año explican por qué eligieron Magisterio y se quejan de que sus amigos ya las critiquen antes de empezar


redacción / la voz

Toman café en el bar de la facultad después del último examen de la carrera. Si todo va bien, en pocos días serán maestras las cinco. Todas de infantil. «A mí desde pequeña me gustó la enseñanza; el trato con los niños se me da bien. Además, si sacas la oposición, te da una estabilidad que no consigues en otro empleo», dice Lidia. Y añade enseguida: «Pero no es porque aspire al típico puesto de funcionario que está ahí, haciendo fotocopias. Quiero hacer algo que me gusta».

Sus amigas asienten, todas admiten un regusto dulce, una satisfacción perceptible en su inminente futuro laboral. Lo han sentido en las prácticas, escasas, coinciden todas. Y tienen los conceptos frescos, la ilusión intacta y, una idea de lo que la sociedad piensa de ellos: «El maestro está infravalorado», dice Lidia. Y Eva coge carrerilla: «La gente no sabe lo que hay detrás. Es un trabajo complicado y de una enorme responsabilidad. En mi familia, ahora, me apoyan. Aunque solo sea porque han visto lo que me ha costado sacar la carrera. La verdad es que el sueldo y las vacaciones fueron cosas que también me ayudaron a decidirme por Magisterio». Pero, a su lado, Sofía ya sabe que no todo el monte es orégano. Ha tenido algunas experiencias fuera del ámbito público, y allí el mito del sueldo y las vacaciones se cae.

A opositar

Todas han ido siguiendo por la prensa el reciente conflicto por el incremento del horario lectivo para los maestros. Ellas saldrán perjudicadas porque supuestamente se reducirá la oferta de plazas públicas. Pero aún no leen el problema en esa clave. Defienden los derechos adquiridos por la profesión a la que aspiran.

Ninguna va a reengancharse en la universidad; todas piensan opositar, aunque, admiten, aún no han ido a informarse. Acaban de depositar el último esfuerzo en terminar la carrera y por ahí defienden lo suyo: «Me fastidia que mis amigos digan que es una carrera fácil», protesta una de las dos Lauras del grupo. «Si es todo tan fácil y tan cómodo, que se matriculen aquí y que opositen y que pasen años en colegios de pueblos hasta que encuentren plaza. Es mucho más que aprobar la carrera. Si solo fuera eso», añade la otra Laura. Es el momento de máxima intensidad en el debate. Todavía no han empezado y ya sienten la necesidad de reivindicarse.

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