Imagen:Cristina Larroy impartió ayer una charla para los alumnos de la Universidade Sénior

Adiós a los reyes de la casa

Una experta en desobediencia en la infancia abogó ayer?en la Universidade Sénior por cambiar el modelo educativo,?y que «los padres aprendan a ponerles límites a sus hijos»


Los niños de hoy, no son como los de antes, y Cristina Larroy, directora del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid y experta en conducta en la infancia, ha estudiado varios de los motivos que han llevado a estos cambios. En primer lugar, según explicó ayer en la Universidade Sénior, «ha habido un cambio en el modelo educativo, que se ha pasado de un modelo bastante autoritario, en el que el padre tenía un gran peso, a un modelo más permisivo, donde los padres han decaído para pasar a ser sus amigos. Los niños ya tienen amigos, lo que necesitan son padres que aprendan a ponerles límites a sus hijos».

Larroy afirmó que, para que un niño no se vuelva desobediente, hay que explicarle «que no se puede conseguir todo en el momento; qué se puede y qué no se puede hacer; y cómo hay que saber comportarse». Para ello, explicó que existen una serie de parámetros que deben seguir los padres, y que primero deben de fijar entre ellos. «Se deben establecer unos límites claros para unas pocas cosas; es decir, que a, b, c y d son cosas que se deben hacer; y que a, b, c y d son cosas que no se pueden hacer nunca», especificó, al mismo tiempo que insistió en que, si el niño no cumple esas normas, tiene que aprender a hacerlo.

También afirmó que los padres tienen que esforzarse en educar, «porque muy pocos saben dar órdenes adecuadas. Muchas veces le riñen por hacer algo mal, y los amenazan mucho, pero luego no lo cumplen». Asimismo, también destacó que no solo hay que fijarse en las cosas que hace mal el niño, sino que también hay que premiarlo cuando las hace bien.

Conciliación familiar

Cristina Larroy reconoció que las dificultades para poder conciliar la vida familiar y laboral pueden hacer que los padres se vuelvan más blandos. «Uno llega harto del trabajo, de aguantar a su jefe, y cuando llega a casa solo quiere descansar, y le permite al niño hacer de todo. La educación requiere trabajo, paciencia, esfuerzo y dedicación; y no siempre estamos dispuestos o podemos, porque también somos humanos», destacó.

En este sentido, afirmó que hay una etapa de la vida, entre los 2 y 3 años, en la que los niños descubren que «son unos seres distintos del resto del mundo que los rodea, y por eso se oponen a los demás. Esta actitud es hasta cierto punto permisible a esta edad, pero siempre que no llegue a interferir o a deteriorar la relación familiar, y no se extienda más allá».

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