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El nuevo número dos del Popular cree que fue un error no ir a la Sareb

El consejero delegado achaca la crisis del banco a una mala comunicación con el mercado, que provocó desconfianza


madrid / la voz

Apenas tres días después de incorporarse al Banco Popular como nuevo consejero delegado, Ignacio Sánchez-Asiaín explicó ayer con claridad su visión de la compleja situación que atraviesa la entidad financiera, la segunda de Galicia, con una red de más de 200 oficinas y 900 empleados. De esta situación crítica responsabilizó al lastre de los activos inmobiliarios, con los que el banco tiene «un problema de digestión», que ha sido «más lenta» que en el resto del sector.

Reconoció que ello se debía a que el Popular no traspasó su ladrillo a la Sareb (el banco malo), como sí hicieron otras entidades, ni tampoco lo puso en manos de unidades especializadas para venderlo. «Tenemos un problema de digestión del riesgo inmobiliario, como consecuencia de la expansión en este negocio por parte del banco en un momento desafortunado, en el pico del ciclo», admitió, en su intervención en la vigesimocuarta edición de los Encuentros del Sector Financiero, organizados por Deloitte y la Sociedad de Tasación.

Pero, extendió más allá del empacho inmobiliario su diagnóstico de los males del banco, apuntando también a la ausencia de una buena comunicación con el mercado y a la incapacidad de trasladarle la diferencia entre los dos negocios del Popular: el inmobiliario, cuyo objetivo es la desinversión; y el principal, centrado en las pymes, rentable.

«Al ofrecer la información del Popular de forma agregada no hemos sido capaces de explicarla de forma coherente», dijo, lo que provocó la desconfianza del mercado y el hundimiento de la acción. En cualquier caso, Sánchez-Asiaín anunció que «en pocas semanas» el banco podrá responder al mercado cuánta inversión o dotación precisa para que se puedan evacuar los activos inmobiliarios de forma rápida y cuánto dinero genera el negocio principal.

Y podrán responder a ambas cuestiones porque, según indicó, el 31 de marzo concluyó la segregación contable de las dos unidades de negocio, y próximamente darán los datos de cada una por separado: «Una vez conocidos, el mercado decidirá y pondrá en valor la estrategia y las perspectivas de futuro del banco».

Sobre el futuro, el ejecutivo admitió que la opción que finalmente se escoja -sobre la mesa están la generación orgánica de capital, desinversiones puntuales, una macroampliación de capital y una venta- dependerá del tiempo que les dé la «exigencia regulatoria». Es decir, que dependerá de la prisa que les meta el BCE.

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