Solo algo puntual... de momento


Escuela de Finanzas 21/03/2017 05:00 h

La banca está viviendo un momento anómalo. Está cargada de liquidez y con los tipos en mínimos históricos. A diferencia de la época precrisis, los depósitos superan al crédito concedido y si no fuera así siempre podría acudir a la barra libre del BCE. Pero ¿de qué vale tener tanto si nadie te lo reclama? Y eso es lo que está pasando. Los españoles nos estamos desapalancando, esencialmente en préstamo hipotecario, y, aunque empezamos a pedir algo de crédito, suele ser menor y destinado al consumo. En este marco, las entidades de crédito solo tienen una estrategia: sobrevivir. Y para ello intentan darle crédito a todo aquel que se mueve y es capaz de superar los filtros de los analistas de riesgos. A los otros, ni agua o excesivamente caro. Tiene lógica.

Por lo tanto, ni la dación en pago ni los conflictos judiciales, nada hará que la banca suba sus tipos hipotecarios si con ello pierde un cliente. Pero, como indicaba en la primera frase, esto es algo anómalo y, por lo tanto, tendente a ser efímero. La regulación financiera internacional ha sacralizado la solvencia bancaria, es decir, la relación entre capital y riesgo concedido. Y dado que solo hay dos maneras de capitalizar una entidad, ampliaciones de capital o beneficio no distribuido, es fácil deducir que las estrategias financieras de crecimiento por volumen pronto serán sustituidas por crecimiento vía márgenes. Esto quiere indicar dos cosas. En primer lugar, que el cliente sin capacidad de negociación bajará a segunda división, se tenderá a discriminar la clientela; y, en segundo lugar, que el tipo de interés, agotada la vía de las cláusulas consideradas abusivas, se elevará para compensar el beneficio no obtenido. ¿Para todo el mundo? Lo dudo. Posiblemente el cliente preferente salga beneficiado de los reveses jurídicos de la banca. Los otros, los más débiles, los que lideraron el cambio de unas reglas de juego abusivas, verán subir sus hipotecas. Sufrirán las garras de un mercado escasamente competitivo, de un mercado que solo respetará a los más fuertes, de un mercado sin mercado.

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