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La aviación no tripulada fija por fin sus coordenadas en suelo gallego

El aeródromo de Rozas, estratégico en la II Guerra Mundial, liderará la innovación en el prometedor negocio de los drones

redacción / la voz, 28 de febrero de 2016. Actualizado a las 05:00 h. 6

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Hace tiempo que Galicia figura en el mapa de los constructores aeronáuticos para situar bases de experimentación y pruebas con aviones no tripulados.

Airbus o Northrop Grumman han llegado a hacer estudios sobre el terreno, en lugares que consideraron estratégicos por su baja densidad de tráfico aéreo. Una de ellas está en el municipio ourensano de Trasmiras, y la propuesta para situar allí un centro de experimentación de drones llegó a la mesa del presidente de la Xunta y del propio ministerio de Defensa en el año 2009.

Pero a Trasmiras le salió un rival en la misma Galicia. La empresa Ártabros Port envió al entonces ministro de Fomento, José Blanco, y a la titular de Defensa, Carme Chacón, un proyecto denominado Zona de Apoyo Logístico Industrial Aeroportuaria (Zalia) en Galicia, en el que planteaba una doble propuesta. Por un lado, la construcción de la Zalia de Outeiro de Rei con un aeropuerto de carga, que acogiese una base de aviones no tripulados, una estación de desguace y reciclaje de aeroplanos y un puerto seco para los principales muelles de Galicia.

Mientras Trasmiras y Rozas rivalizaban por hacerse con el negocio de los drones de alguna multinacional, Andalucía se llevó el gato al agua cuando en el 2011, justo antes de abandonar el Gobierno, la ministra Chacón adjudicó a El Arenosillo (Huelva) el Centro de Experimentación de Aviones no Tripulados dotado con un presupuesto de 40 millones de euros por el que, hasta el momento, no ha apostado ningún gran constructor.

Mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, el Inta, Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, se valía del aeródromo de Rozas para hacer los ensayos de sus primeros prototipos de aeronaves sin pilotos. Y, de repente, el cielo volvió a abrirse para el olvidado aeródromo lugués, el aeropuerto más antiguo de Galicia.

La instalación fue construida en 1943 por los alemanes durante la II Guerra Mundial con el fin de proporcionar un mantenimiento rápido a las antenas del radiofaro Consol (un sistema de ayuda a la navegación). En aquellos primero años contaba con tres hangares de considerables dimensiones y barracones auxiliares, y estaba al cargo de soldados del Ejército del Aire español.

A punto de desaparecer

Finalizada la contienda, Rozas fue reconocido por los políticos de entonces como un lugar excepcional para la creación de un aeropuerto de mayores dimensiones, y llegó a ser base aérea durante algún tiempo de una guarnición militar de tropas de aviación. En 1949 se convirtió en el aeropuerto central de Galicia, y lo fue durante dos años, mientras duraron las obras de construcción del de Santiago de Compostela. Pero en año 1953 la Fuerza Aérea decidió desmantelarlo y poco a poco cayó en el olvido.

Solo sobrevivió un hangar, salvado en última instancia para convertirlo en Real Aeroclub de Lugo, con el fin de evitar la desaparición total de las instalaciones. Durante los últimos años ha recibido inversiones para potenciar el aeródromo como terminal de carga, pero el impulso definitivo se produjo en el 2014 cuando el Inta lo acreditó como centro de referencia para la investigación de tecnologías de vuelos no tripulados.

Ese ha sido el pistoletazo de salida del parque tecnológico e industrial único en España que explotarán Indra e Inaer y convertirá a Galicia en un referente europeo en el desarrollo, y tal vez producción, de drones.

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