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La saga de los Domínguez lo borda

Sociedad Textil Lonia y Bimba y Lola, la segunda generación del clan, replican la fórmula del éxito de Adolfo, el pionero

redacción / la voz, 21 de febrero de 2016. Actualizado a las 17:21 h. 16

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La moda es un producto perecedero, como los tomates. Lo que no se vende en temporada, se pudre en el almacén. Este simple concepto que explica el fenómeno Inditex, complementado con diseños exclusivo y una firma bien lustrosa dan como resultado la fórmula del éxito de Sociedad Textil Lonia (STL). De forma discretísima, se ha convertido en la segunda mayor empresa del sector en Galicia. Factura más de 300 millones al año y ya solo se le escapan Canadá y Australia para tener puntos de venta en todo el mundo desarrollado. Con 1.924 empleados, STL obtiene más de la mitad de sus ingresos de CH Carolina Herrera, la marca que aporta el 67 % del negocio del grupo, frente al 32 % de la enseña Purificación García.

Pero detrás de este crecimiento meteórico hay un componente genético de influencia innegable. Porque decir STL es decir familia Domínguez. Son los herederos de la sastrería ourensana El Faro que fundó Adolfo Domínguez Estévez hace cincuenta años. Los mismos que montaron la firma Adolfo Domínguez y la elevaron a icono de la moda española de los 80, hasta que decidieron separarse del diseñador.

Los hijos del sastre

Adolfo optó por quedarse con el 40 % de la empresa y, para pagar a sus hermanos, sacó el 60 % a bolsa. En 1997, con el dinero obtenido, Josefina, Francisco Javier y Jesús Domínguez fundaron también en Ourense Sociedad Textil Lonia, en donde se formaron Uxía y María, las dueñas de Bimba y Lola, el negocio más joven de la saga, que factura casi 100 millones.

«Al que peor le ha ido es al que se quedó con el negocio [Adolfo Domínguez] . Los que se fueron salieron con mucho dinero, unos 70 millones de euros en aquella época, que invirtieron muy correctamente», cuenta un empresario del textil que vivió de cerca los acontecimientos. Mientras STL crecía, Adolfo Domínguez lleva años adelgazando su estructura. Aunque la reciente venta de un gran inmueble en Barcelona le ha permitirá abandonar los números rojos, al cierre de los 9 primeros meses de 2015 las pérdidas ascendían a 16,91 millones.

«El cerebro es Jesús»

«Los hermanos apostaron más por la imagen y por las tiendas, no por las grandes fábricas. Todo está externalizado, el producto tiene un margen altísimo y eso les permite tener músculo financiero para seguir haciendo cosas», explica otro creador textil contemporáneo de los Domínguez. «Adolfo fue pionero en muchas cosas: en apostar por el nombre para la marca del producto, en impulsar una línea más básica, pero perdió su hueco de mercado, metió a un público diferente en sus tiendas y se le escapó su gente», dice otro empresario.

Los diseñadores gallegos consultados para este reportaje coinciden en poner en valor la figura de Jesús Domínguez, al que consideran «el cerebro» de STL y también de Bimba y Lola. «A diferencia de Adolfo, Suso no es tan filósofo, ni mediático, siempre ha sido más práctico. También tuvo la ventaja de que arrancó STL con capital propio, y con la experiencia de internacionalización que traía de Adolfo Domínguez», cuentan.

Lo cierto es que las cosas no pudieron salirle mejor. En agosto del 1998, STL lanzó su primera marca, Purificación García, con una colección completa para hombre y mujer, y accesorios. Con esta enseña ya encaminada, en el año 2000 llegó a un acuerdo con Puig y Carolina Herrera Ltd. para crear la marca CH Carolina Herrera. En la primavera del 2001 CH abrió su primera tienda y en el 2014 superó el centenar de establecimientos en el mundo con esta enseña.

En septiembre del 2014, STL remodeló su estructura accionarial. LVMH, socio histórico de la empresa gallega, traspasó su 25?% a Puig por 125 millones. Desde el año pasado, la empresa ha disparado su beneficio un 15 %. «El tema está en tener capital en el origen, y el de Lonia fue un arranque con mucha solvencia. El producto no es nada del otro mundo pero hacen bien la gestión», afirma un empresario del gremio.

La fórmula se repite de Bimba y Lola. La empresa la montó Jesús para sus hijas, y en este caso el éxito radica en que todo está externalizado, desde la producción en Asia hasta la logística. El secreto está en buscar buenas ubicaciones, locales pequeños, mucho márketing, y la mínima estructura de personal, con gente joven y mucha rotación. La fórmula funciona. Bimba y Lola, que cumple 10 años, finalizó el 2014 con 145 tiendas y 98,5 millones en ventas (febrero 2015), suma con la última inauguración en París 208 sedes en 17 países.

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