Bancos y empresas de energía y telecomunicaciones, retiro feliz de los políticos españoles

El fichaje de Yolanda Barcina en Telefónica es el último ejemplo de una lista interminable de «puertas giratorias»


madrid / la voz

Desde ayer la expresidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, está a sueldo en Telefónica. Tras dimitir en agosto como presidenta de UPN, acaba de incorporarse como consejera independiente a DTS (Distribuidora de Televisión Digital), filial de la firma que preside César Alierta.

Su fichaje es el último en engrosar la nutrida lista de puertas giratorias de los políticos patrios que, una vez cerrada su etapa pública, pasan prácticamente sin solución de continuidad al mundo de la gran empresa con la que han cultivado relaciones durante su actividad previa.

Las empresas de energía y las de telecomunicaciones, junto con la banca, son los principales sectores en los que los expolíticos disfrutan de estos tan codiciados como polémicos retiros. La explicación es sencilla: «Son los sectores regulados, mueven mucho dinero y hay que intentar conseguir buenas relaciones e influencias. Sería más extraño que alguien pasara a El Corte Inglés o a una compañía textil, porque no son sectores regulados, y los que sí lo son ponen a los expolíticos de escudo para, a través de sus relaciones, conseguir, por ejemplo, que las normativas no les resulten dañinas», explica Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de la organización Transparencia Internacional.

Precisamente en el reciente informe El lobby en Europa: influencia encubierta y acceso privilegiado, esta organización analizaba el fenómeno de las puertas giratorias en 19 países europeos e instituciones comunitarias, y alertaba de la situación en España, que carece de mecanismos suficientes para evitar la influencia «indebida o excesiva» de los grupos de presión -en los que desembarcan antiguos cargos públicos- sobre las decisiones políticas.

Casi la mitad del Ibex 35

Los ejemplos se multiplican. Sirva como dato que casi la mitad de las empresas que integran el Ibex 35 -concretamente 16- cuentan con expolíticos (un total de 36) en sus órganos de dirección. Más de 70 % de ellos se concentran en Enagás, Abengoa, Endesa, Iberdrola y Red Eléctrica, aunque la lista la completan otras firmas, como Gas Natural, Acciona, Repsol, Acerinox, ACS, OHL, Inditex, Gamesa o bancos como Santander o Sabadell.

La profusión de casos prueba que el trasiego entre el sector público y el privado no entiende de siglas ni ideologías. Dos de los expresidentes del Gobierno, el socialista Felipe González y el popular José María Aznar, han sido consejeros respectivamente de Gas Natural y Endesa (en el caso de Aznar externo). También ha encontrado acomodo en los mullidos sillones de los consejos de las eléctricas un rosario de ex ministros: Elena Salgado (PSOE) en Endesa Chile, Ángel Acebes (PP) en Iberdrola, o las también populares Ana Palacio e Isabel Tocino en Enagás. Y no son aislados los casos en los que figuran en varias empresas.

Aunque la ley de incompatibilidades para altos cargos fija una «cuarentena postempleo» -como la define Villoria- para impedir que trabajen en firmas sobre las que regularon o financiaron, lo preocupante son los «saltos incomprensibles» que solo se explican porque «o les ayudan o les ayudaron, lo que sería como un soborno en diferido».

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