El metal gallego funda el mayor clúster de innovación de España

Más de 700 empresas pretenden producir en Galicia tecnología naval, aeronáutica o eólica que ahora hay que comprar fuera

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El naval es uno de los sectores que más dependen de componentes tecnológicos importados. m. moralejo

Galicia tiene la mayor industria del automóvil de España, es la tercera comunidad en construcción naval, y se ha colado en sectores de difícil acceso como la aeronáutica o la eólica marina. Pero la mayor parte de la tecnología que se utiliza para ensamblar coches o producir buques es importada.

La gran dependencia de equipos y componentes extranjeros y la necesidad apremiante de innovación ha movilizado al metal gallego (sobre el que se sustentan los principales sectores industriales) para fundar el mayor polo de competitividad de España en número de asociados.

La Fundación Clúster Metalúrgico de Galicia (Metal Clúster) arrancará formalmente este próximo viernes 13, integrado por 720 empresas de toda Galicia, las tres universidades gallegas y centros tecnológicos como Energylab, Instituto Tecnológico de Galicia, Ineo o Aimen.

Las empresas integradas en el clúster, impulsado por Asime, la patronal del sector, y que presidirá Alberto Fernández Lozano, director general de la empresa Dinaín, de Ferrol, suman una facturación de 11.700 millones, emplean a 56.650 trabajadores y suponen el 20 % del PIB gallego.

La intención de esta alianza es consolidar y aumentar su peso en el tejido productivo de la comunidad, tras el duro golpe que han supuesto para estas empresas los cinco años de crisis. Solo en el 2013, la industria metalúrgica gallega perdió más de 2.000 empleos, la mayoría de auxiliares del naval.

Punteros pero baratos

El sector reconoce que, exceptuando una decena de empresas, la competitividad es una cuestión pendiente desde antes de la crisis, porque ha faltado visión de futuro. Citan como ejemplo los años previos a la debacle del naval (el bienio 2006-2007), cuando astilleros y auxiliares llegaron a facturar más de 4.000 millones al año, gracias a la fuerte carga de trabajo contratada en las gradas gallegas. «Nada o muy poco de la riqueza que se generó en aquellos años ha revertido en innovación: los equipos, motores y tecnología necesarios para construir barcos siguen viniendo de fuera, porque aquí no se hace y eso encarece la producción», explican fuentes empresariales integradas en el nuevo clúster.

La consecuencia inmediata de una tecnología de marca gallega y fabricación cien por cien local sería el abaratamiento de los costes de fabricación y la mejora de la competitividad a la hora de pujar por contratos en licitaciones internacionales de buques, nuevos modelos de vehículos (no solo de Peugeot Citroën) o de paquetes para las grandes aeronáuticas.

Económicamente, el Metal Clúster aspira a captar fondos europeos de la denominada Estrategia de Especialización Inteligente RIS3 que, según las previsiones de la Xunta, movilizará 1.600 millones de euros hasta el 2020.

Guerra de clústeres

Pero el nacimiento de esta fundación no está exento de polémica, ya que Galicia cuenta ya con organizaciones veteranas como Ceaga (Clúster de Empresas de Automoción de Galicia) o Aclunaga (Asociación Clúster Naval Gallego) que, al menos inicialmente, se desmarcan de esta agrupación que predica la transversalidad, para que en ella tengan cabida la gran mayoría de empresas del metal. En su ausencia, el Metal Clúster gallego estará interconectado con las agrupaciones homólogas de Portugal, Francia y Reino Unido.

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