El «chollo» de ser administrador concursal

La cruda realidad demuestra que hay administradores que prácticamente no cobran nada o casi nada, mientras que otros se forran

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¿Qué le parecería repartirse doce millones de euros con otros dos socios en unos meses? Esa fue, aproximadamente, la minuta que cobraron los administradores de Martinsa-Fadesa en una primera fase del proceso de suspensión de pagos. Teniendo en cuenta que fue uno de los mayores concursos de acreedores de la historia de Europa, ¿se puede considerar que el importe es excesivo?

Tampoco es sencillo saber si ser administrador concursal puede definirse como una profesión de las que se conocen como chollo. La respuesta sería depende, aunque si uno está bien colocado en las listas de administradores que manejan los juzgados casi siempre lo es. Y ello pese a que el 95 % de las empresas que suspenden pagos acaban liquidándose. Así que la cruda realidad demuestra que hay administradores concursales que prácticamente no cobran nada o casi nada, y otros que se forran.

Para entender este sector hay que saber cómo se formula la minuta y a cuánto asciende. Empecemos. Una empresa entra en concurso de acreedores, y los administradores deberán determinar a cuánto asciende su activo y su pasivo. A esas cantidades les aplican un arancel (ver tabla adjunta) y de esta manera fijarán sus honorarios. Tras tener el visto bueno del juez, el 50 % de esa cantidad la podrán cobrar en una primera fase, cuando presenten el informe concursal. El otro 50 % (cifra que puede variar) lo cobrarán al final de la fase del convenio o de liquidación, e incluso mes a mes durante un período determinado.

Es en este sistema de remuneración donde surgen los primeros problemas. Los emolumentos de los administradores serán elevados o reducidos en función del trabajo que tengan que realizar. No es lo mismo gestionar una empresa industrial con 100 millones de pasivo, prácticamente nada de activo, y con 200 trabajadores, con los que hay que negociar, que una compañía inmobiliaria sin empleados y cuyo activo es similar a su pasivo. El sistema de aranceles no tiene en cuenta esta realidad, al igual que tampoco se establece un límite en la escala superior, lo que provoca que los honorarios se disparen. Eso sí, también existe el caso contrario, procesos donde el trabajo se amontona y no hay de dónde cobrar.

Por este motivo, si un administrador quiere un trabajo rentable debe mantener una buena relación con el juzgado de turno y tener los conocimientos necesarios sobre cómo y quién mueve las listas con los nombres de los profesionales disponibles para resolver los procesos. Por regla general, los grandes casos se los llevan los grandes bufetes; los rentables, los más listos; y el resto, los que queden. Ni más ni menos. El sistema concursal español es imperfecto e injusto. También desde el punto de vista empresarial. No tienen sentido aquellos casos en los que los administradores desembarcan en una compañía (sin idea del negocio) y mientras el empresario ve cómo adoptan las decisiones sin que pueda explicar su parecer, deciden si la liquidan o no. Decisiones sobre las que algunos empresarios ya se empiezan a rebelar.