Las grandes inmobiliarias suman una deuda de 21.270 millones

El G-14 demanda protección al Gobierno para evitar más quiebras

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El concurso protagonizado por Reyal Urbis, el segundo mayor de la historia española después del de Martinsa-Fadesa, ha hecho saltar todas las alarmas. Cinco años después del estallido de la burbuja inmobiliaria, los grandes del sector siguen tambaleándose. Los últimos datos remitidos a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) muestran que solo cinco compañías acumulan una deuda financiera que se sitúa en los 21.270 millones de euros, una cifra que multiplica por dos el presupuesto de la Xunta. Martinsa-Fadesa encabeza el ránking, con 5.762 millones, seguida de Metrovacesa (5.102), que ha tenido que abandonar recientemente el parqué obligada por los bancos que la controlan.

A continuación estarían Reyal (3.613), en suspensión de pagos al no conseguir nuevas condiciones para devolver lo que deben. Y Colonial, con una deuda algo mayor (3.623), donde apuntan ahora todos los focos y que iniciará próximamente el camino para renegociar una deuda cuyo vencimiento se producirá el año que viene. Con una vertiginosa depreciación de sus activos, con el mercado colapsado y con importantes stocks de vivienda sin colocar, los grandes acumularon pérdidas millonarias en el 2012. Los datos remitidos a la CNMV revelan que Martinsa-Fadesa, Reyal, Colonial, Metrovacesa, Quabit y Realia contabilizaron en el 2012 un resultado neto negativo conjunto de 3.348 millones. Un escenario en el que se hace muy difícil la renegociación de las condiciones de los préstamos. Desde el G-14, el lobby que agrupa a los grandes del sector, se está presionando al Gobierno para que proteja a las inmobiliarias y evitar así una nueva sucesión de quiebras. Las compañías quieren que el Ejecutivo establezca una segunda prórroga del Decreto Ley 10/2008, impulsada en su día por el Gobierno de Zapatero - tras el pinchazo de la burbuja- y que permite una excepción legal. Esta consiste en que las empresas no computan las pérdidas de sus activos inmobiliarios, con lo que muchas se librarían de entrar en causa de disolución. La situación de Martinsa, Colonial o Reyal responde a un mismo patrón, donde los empresarios, al calor de la burbuja inmobiliaria, emprendieron mastodónticas operaciones de endeudamiento para configurar gigantes del ladrillo.

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