Indonesia, del tsunami a modelo contra la crisis

El país se ha convertido en la economía más grande del sudeste asiático. Su crecimiento tiene como asignatura erradicar las enormes bolsas de pobreza

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Hace ahora justo ocho años, por estas fechas, el mundo quedó conmocionado por la devastación que ocasionó el maremoto del Índico. Indonesia fue una de las zonas cero de la catástrofe. Banda Aceh, en la isla de Sumatra, quedó anegada por la entrada del mar. Y se llegaron a contabilizar 170.000 muertos. El país vuelve a ser noticia por los actos conmemorativos de la catástrofe, pero también por su buena evolución económica. El desastre del 2004 afectó a una zona concreta del norte de Sumatra y no puso en riesgo la actividad industrial ni las plantas extractivas de crudo, dos factores que explicarían la rápida recuperación de la catástrofe. Pero a ello ha contribuido también las reformas económicas emprendidas desde la crisis de 1997.

Responsables del Banco Mundial llegaron a asegurar el pasado verano que Indonesia es un claro ejemplo de cómo transformar un barco que se hunde en una de las principales economías emergentes del mundo. Intervenido por los organismos internacionales desde los setenta, el país ha mejorado su control del déficit y ha reducido los niveles de corrupción, pero su despegue se cimenta, sobre todo, en tres pilares. Primero, en su explotación de las materias primas (cacao, petróleo, níquel y bauxita), lo que le ha permitido lograr un balance comercial positivo y, en consecuencia, reducir su deuda. En segundo término, en su poder para atraer inversión extranjera. Y por último, en su población, de 240 millones, lo que ha alimentado un mercado interno que ha tirado del crecimiento. El PIB aumentó el pasado 2011 un 6,5%, la tasa más alta desde el inicio de la crisis de 1997. Mientras las instituciones internacionales colocan ahora a Indonesia como modelo contra la crisis, el país, considerado uno de los mercados emergentes (junto a Brasil, Rusia, India y China), tiene ante sí enormes retos. Es el caso, por ejemplo, de los niveles de pobreza, que afectan al 12,5% de la población indonesia, unos 30 millones de personas, según las cifras oficiales que maneja el Gobierno. Algunos economistas ven a Indonesia como la séptima economía del mundo en el año 2020. Sin embargo, el país presenta algunas debilidades que podrían amenazar seriamente su crecimiento en los próximos años.

Por ejemplo, una enorme dependencia del mercado chino, a quien exporta sus materias primas y sus productos básicos. También se echa en falta una política centrada en el fomento de la productividad y la innovación, que ayudaría al país a resistir mejor una futura recesión.

De ello depende que Indonesia, con 240 millones de habitantes, pase a codearse con lo que se ha bautizado como los países del BRIC: Brasil, Rusia, India y China.