Doce retos para un año de pronóstico sombrío

Los próximos doce meses no serán fáciles, con una leve recesión en Europa y un crecimiento moderado de la economía mundial, las perspectivas no invitan al optimismo

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.

A lo largo de los últimos meses, todas las predicciones económicas para el futuro inmediato han ido presentado panoramas cada vez más oscuros: si en este momento hay un punto de encuentro entre los organismos de análisis económico, éste es que 2013 no será un buen año, pues se espera una recesión leve en Europa (la segunda en menos de un lustro, algo desconocido en bastantes décadas), que será muy intensa en los países de la periferia. El conjunto de la economía mundial verá su crecimiento significativamente moderado. Es obvio que en ese contexto hostil, los riesgos se multiplican, y que los principales retos que deben asumir los agentes económicos -sobre todo, los gobiernos- son de naturaleza puramente defensiva: evitar agravamientos, conjurar peligros de colapso?algo que recuerda aquello de «madrecita, que me quede como estaba».

Naturalmente, cabe hablar también de algunas oportunidades, que podrían dar lugar -si no nos empeñamos en repetir los errores tan comunes en los últimos años- a algunas buenas noticias hacia las postrimerías del año. A continuación, se enumeran doce desafíos a los que habrá que dar cumplida respuesta en el 2013; algunos de ellos solo pueden plantearse en términos dramáticos, puesto que el desgaste social acumulado después de más de media década de crisis destructora, es ya enorme. Y desde luego, todos se refieren a las circunstancias de urgencia que nos atribulan: los otros grandes desafíos, aquéllos que tienen una perspectiva más de fondo y largo plazo (como los retos de hacer más compatibles el crecimiento económico y el medio ambiente, y corregir en profundidad las perversas pautas de distribución de la renta), esos tendrán que esperar: no sería en absoluto realista esperar novedades interesantes en esos asuntos de cara al año que entra.

1. Economía mundial.

Impulsar la coordinación y soslayar tentaciones proteccionistas. Según el Fondo Monetario, el crecimiento económico mundial será este año inferior al de los anteriores, con una contracción productiva significativa en algunas de las principales economías industrializadas, y una ralentización de los BRICS. Los principales riesgos proceden, lamentablemente, de Europa, con efectos negativos sobre los flujos del comercio internacional, que han sido el único alivio para muchos países -como el nuestro- en los últimos años. Y no puede descartarse en absoluto que durante los próximos semestres sobrevengan nuevos accidentes en la banca -donde es seguro que continuará el rosario de escándalos protagonizados por entidades de notable tamaño-, que nos retrotraigan a la casilla de partida del 2008. Todo ello se conseguirá evitar con un buen funcionamiento de la coordinación supranacional de políticas económicas: es urgente revertir la tendencia del G-20 a convertirse en algo cada vez más inane.

2. Europa

Un cambio de rumbo político. El gran problema está, por tanto, en Europa y sus políticas. Constatado ya hasta por los organismos internacionales más conservadores que la deriva de los últimos dos años ha sido suicida, llega el momento de cambiar de estrategias, tratando de simultanear la necesaria consolidación de las finanzas públicas, en una visión más de largo plazo, con un impulso decidido de la demanda. Porque es la dramática caída de la demanda lo que está llevando a media Europa ?quién sabe si a toda ella- a una profundísima recesión. Las posibilidades reales de ese viraje vendrán muy marcadas por las elecciones alemanas, y también, aunque en menor medida, por las italianas. Si la política económica cambiara, los levísimos signos de activación que se atisban hacia el final del 2013 podrían dar lugar a algo más real y consistente.

3. Consolidar la eurozona

Los últimos meses han traído la evidencia de que las instituciones europeas poseen un arsenal con gran potencia de fuego para evitar la quiebra financiera y salvar el euro. La intervención del BCE (a veces su solo anuncio de intervención) ha servido para dar una mayor estabilidad a los mercados y hacer que el colapso de la eurozona -una posibilidad no descartable hasta el pasado agosto- haya desaparecido de los escenarios más previsibles. Sin embargo, los pasos institucionales hacia una verdadera unión económica, fiscal y bancaria siguen siendo muy lentos (a veces, como ha ocurrido con la Unión Bancaria, con serios retrocesos). Eliminar tanta agua como hay en el vino de la eurozona: ése es el gran reto europeo actual.

4. Aprobar un presupuesto plurianual europeo coherente e integrador

Cada siete años la UE se ve sometida al fuego cruzado de las negociaciones a múltiples bandas para aprobar su presupuesto plurianual. Representa menos de un 1 % del PIB de la Unión, pero algunas partidas, como los fondos estructurales, tienen gran importancia para muchos países. Al final del proceso, siempre ha habido resultados aceptables para todos, pero ahora no está para nada garantizado que se conseguirá un buen punto de equilibrio. De hecho, podría ser éste el punto de arranque de una eventual salida del Reino Unido.

5. Estados Unidos

Afianzar el liderazgo de Obama, cuando los márgenes de la política económica se han estrechado tanto. El presidente norteamericano encara su segundo mandato con una mayor holgura en la política interna que en el primero (básicamente por el debilitamiento del años ). En cambio, en materia de política económica sus márgenes -como los de la Reserva Federal- son muy pequeños: ni las cuentas públicas, en enorme déficit, ni los tipos de interés-más de cuatro en niveles próximos a cero-, ni la expansión cuantitativa de dinero, dan ya para mucho más En caso de un agravamiento en la situación mundial, Estados Unidos podría ayudar mucho menos de lo que lo hizo en el 2009, salvo en un aspecto que tiene que ver con el primer desafío mencionado: el liderazgo de Obama, hoy más consolidado, debiera ser un buen factor de impulso de la coordinación internacional.

6. Países emergentes

Dar otro paso adelante. Los países antes llamados menos desarrollados jugaron un papel central en el 2009, para evitar que entonces sobreviniera una nueva Gran Depresión, al hacer que se reactivara el comercio mundial. En los años siguientes ofrecieron -sobre todo los BRICS- resultados espectaculares, pero últimamente algunos de los más importantes, como China y Brasil, presentan panoramas renqueantes: que consigan enderezar el rumbo es capital para evitar que los problemas del resto del mundo vayan a más. El asentamiento del nuevo liderazgo chino y la confirmación de una línea política que permita eliminar algunos de los grandes desequilibrios acumulados por esa sociedad, es sin duda el factor determinante para todo ese grupo de economías.

7. España

Afrontar el semestre más difícil de la economía. Resulta particularmente dramático que la economía española tenga que encarar el que seguramente será su peor semestre en muchos años, cuando se han cumplido ya cuatro desde el comienzo de la crisis. Todos los pronósticos razonables apuntan a que será así: 2012 se cerrará con un fuerte retroceso productivo (de en torno a un -1,5 %), y el ritmo de la contracción va a más. Es cierto, sin embargo, que después de tanto tiempo de ajuste algunas variables comienzan a dar señales de vida (la productividad, la competitividad de las exportaciones), lo que debiera dar lugar alguna buena noticia a final del año. Con todo, esa recuperación estará muy lejos de lo necesario para evitar que se siga destruyendo empleo: un nivel de paro superior al 26 % de la población activa es un dato casi seguro para comienzos del 2014.

8. Rescate: sobrevivir al rescate (si es que hay rescate)

Duda Rajoy, y ya dudamos todos: ¿habrá rescate general de la economía española?. La segunda mitad del 2012 ha traído, como novedad importante, la desaparición de un escenario inmediato de colapso financiero. Pero es verdad que en los próximos meses habrá que renegociar deuda soberana por valor de más de 300.000 millones de euros, a unos tipos que siguen siendo brutalmente elevados. Si al final ello conduce -como es más que probable- a la petición oficial de rescate, el gran desafío estará en saber negociar las condiciones: Si se hace bien, ello repercutirá en mejoras financieras para las empresas; si se hace mal, el camino para una mayor depresión social quedará despejado.

9. Modelo productivo: Definir un criterio para la política económica

Cumplido su primer año de ejercicio, al actual gobierno se le acaban las excusas: ya no podrá seguir con el único discurso de la herencia recibida. En realidad, si algo ha quedado de manifiesto en los últimos meses es que este gobierno improvisa, en medio de un gran desconcierto, tanto o más que el anterior. Sabido es que las herramientas básicas de la política macroeconómica están fuera de España, y que Berlín y Bruselas no lo ponen fácil, pero vendría muy bien contar con criterios propios para las políticas industrial, energética, de investigación y formación de capital humano. Para las dos últimas haría falta un gran acuerdo nacional con el fin de basar en ellas la reconstrucción del modelo productivo (justo lo contrario de lo que hemos visto a lo largo del 2012).

10. Alcanzar un consenso social y político básico

El viraje necesario en la dirección política de la economía española exige grandes acuerdos sociales y políticos. Y es que será muy difícil evitar que el ya visible alto grado de conflicto social vaya a más en los próximos meses (y dependiendo del curso económico, quizá a mucho más). Frente a eso, el gobierno puede hacer una de estas dos cosas: aguantar la presión creciente, confiando en sus amplias mayorías parlamentarias; o llamar a los agentes sociales a pactar una redistribución equitativa de los costes del ajuste. En el 2012 el gobierno eligió lo primero; el reto ahora sería saber rectificar, para evitar con ello males mayores.

11. Normalizar el sistema bancario

Consumada la escabechina en las cajas, recibidos los fondos del rescate financiero, y en funcionamiento ya el banco malo, el sistema bancario español se encuentra ante un año clave: mal andaremos si dentro de doce meses el futuro de las pocas entidades que van quedando no está ya encauzado. Las pequeñas reformas realizadas (grandes en lo relativo al tamaño y a las condiciones de competencia) pueden entenderse como una condición necesaria para la reconstrucción de los canales del crédito. Pero la condición suficiente está aún lejos de cumplirse: al proceso de desendeudamiento general de la economía le faltan todavía varios pasos; no es realista esperar que el crédito fluya en condiciones y cantidades suficientes hasta dentro de tres o cuatro años.

12. Galicia: Posicionarse ante un entorno financiero -y acaso también del mapa autonómico- más hostil. Las últimas noticias conocidas convierten casi en una quimera un reto fundamental que hace solo un mes podría apuntarse para la economía gallega en el 2013: la supervivencia de una importante entidad financiera propia. Ahora más bien habrá que ir pensando en una adaptación de los agentes económicos de Galicia a un entorno diferente, más difícil. Siempre he pensado que la peor solución posible para NovaGalicia sería la de mantenerla viva artificialmente -como un banco zombi- con fondos públicos; pero es verdad que ahora hay muchas posibilidades de que nos falte una banca de proximidad cuando más falta nos va a hacer: cuando el acceso a los antes tan abundantes flujos internacionales de capital se hará más difícil. En un ámbito muy distinto, el envite independentista del gobierno catalán conducirá en el futuro inmediato a la apertura de grandes debates, y tal vez también algún tipo de transacción política, sobre la estructura territorial del Estado: como comunidad receptora neta de fondos, Galicia tiene poco que ganar en ello en lo estrictamente económico: bien despiertos y a la altura de las circunstancias deberán andar el Gobierno de la Xunta, y el conjunto de las fuerzas políticas.