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El abismo entre los ingresos menguantes y los gastos crecientes

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El IPC cerró noviembre (último mes disponible) arañando el 3 %, una cota muy elevada para una situación de recesión como la actual. Pese a ello, el alza del coste de la vida no se les compensó a los pensionistas, que han visto jibarizarse rápida y constantemente su poder adquisitivo.

El Gobierno usó nuevamente el argumento de los rigores del objetivo de déficit para no abonar este mes de enero, como es habitual, la paga única con la que cada año se corrige la desviación del IPC del año vencido (del 2,9 %) sobre la subida acordada, que fue del 1 %. Eso sí, insiste en que, a diferencia de lo hecho por el Ejecutivo de Zapatero, no ha congelado las pensiones, sino que las subió un 1 % en el 2012 y ha vuelto a hacerlo este año, un 1 % con carácter general y el 2 % para las inferiores a 1.000 euros mensuales.

En cualquier caso, el abismo entre lo que cuesta vivir y la pensión de la que dependen cada vez más familias españolas para mantenerse a flote sigue creciendo, y no solo por el hecho de haber dejado en papel mojado la obligatoriedad de la compensación de la inflación, sino también porque los cambios impositivos no conocen clemencia y arrancan suculentos pedazos a la jubilación y a la nómina.

Y es que el 2012 vino rebosante de dolorosas modificaciones fiscales: desde el incremento del IRPF hasta en 7 puntos (en principio, temporal hasta enero del 2014) hasta la recuperación del impuesto de patrimonio o la subida del IVA, cuyo tipo general pasó del 18 al 21 % y el reducido del 8 al 10 %. Pero también el copago sanitario, que, entre otras cosas, en julio acabó con las medicinas gratis para los pensionistas.

La galopante pérdida de capacidad de compra de los españoles se agrava sumando a las subidas de los precios de lo más básico -desde la cesta de la compra a las facturas fijas- unos salarios cada vez menores.

Lo que en argot económico se conoce como «devaluación interna», insistentemente demandada en aras de la competitividad, y que no es más que el eufemismo de empobrecimiento, lo reflejan también los datos que muestras que hasta noviembre la media de incremento salarial de los convenios colectivos era del 1,29 %, y en el caso de los nuevos convenios se quedaba en el 0,69 %.

En ambos casos la subida de las retribuciones queda a distancia del IPC del mismo mes, de casi el 3 %, y la situación se agudiza, pues la inmensa mayoría de los trabajadores no solo no ven subidas en su nómina, sino que tienen que encajar reducciones. La última y más llamativa, el adiós a la extra de Navidad de los empleados públicos.

Con el indicador público de renta de efectos múltiples (Iprem) congelado un año más -y van tres- y con el salario mínimo interprofesional (SMI) apenas revisado en un 0,6 % tras dos años sin cambios, todo apunta a que en el 2013 la palabra obligada volverá a ser la austeridad. O los milagros.