La auditoría oficial encargada por el Gobierno de Francia para averiguar la verdadera situación del grupo PSA Peugeot Citroën es tan concluyente como demoledora: la multinacional tiene que reestructurarse, eliminar fábricas y reducir 8.000 empleos para desprenderse del lastre de la sobrecapacidad de producción que tiene instalada en Europa, especialmente en Francia. El problema es ¿por dónde empezar?
El pasado mes de junio, el grupo PSA, con centros de producción en Vigo y Madrid, presentó una estrategia de recortes que comenzaba por Francia, con el cierre de la factoría de Aulnay, que emplea a 3.000 trabajadores. Al Gobierno galo no le gustó mucho la idea, y encargó un informe al experto nacional en la materia, Emmanuel Sartorius. Ayer, el ministro de Recuperación Productiva, Arnaud Montebourg, presentó ante los sindicatos el estudio que, entre sus conclusiones, recrimina de forma contundente al grupo automovilístico que preside Philippe Varin, por plantear el cierre de Aulnay, en lugar de la factoría española emplazada en Madrid Villaverde.
«La dirección de PSA se decantó por acabar con la factoría de Aulnay, una decisión dolorosa para Francia y, por el contrario, evacúa rápidamente la posibilidad de cerrar su fábrica de Madrid, que sin embargo tiene numerosos defectos», recoge el denominado Informe Sartorius.
«La española es una fábrica antigua, de poca capacidad, dentro de la ciudad, alejada de sus proveedores y, pese a todo, PSA ha programado inversiones para ensamblar allí un nuevo modelo», destaca la auditoría oficial.
En su análisis, Sartorius sostiene que la planta de la capital de España funciona al 47,6 % de su capacidad, con una producción de 95.736 vehículos en el 2011, cuando puede llegar a ensamblar 200.953 unidades. Aulnay, la planta cuyo cierre está previsto para el 2014, funcionó en el 2011 al 56,7 %, con 135.741 unidades sobre una capacidad de 239.348 vehículos.
Madrid se defiende
La reacción de la factoría madrileña no se hizo esperar. Un portavoz de la compañía salió ayer tarde al paso de las conclusiones del informe asegurando que «la planta de Madrid es mucho más competitiva que la de Aulnay y ha estado mejor posicionada en el precio de fabricación, lo que ha sido clave en la decisión para asignar el nuevo modelo».
El cierre de Aulnay es una decisión tomada por la cúpula de PSA, pero hasta qué punto el informe ministerial puede hacer cambiar los planes del constructor, que necesita de la ayuda del Gobierno -se habla de un rescate estatal de alrededor de 2.000 millones de euros-, para salir a flote.
El interrogante planteado ayer por los sindicatos galos no ha obtenido respuesta directa, pero sí guiños a la necesidad de plantear un reajuste integral de la capacidad productiva de PSA Peugeot Citroën para ajustarla a un mercado a la baja.
El Informe Sartorius no deja lugar a dudas sobre la situación de crisis en la que se encuentra sumida la multinacional. Entre sus debilidades, constata su gran dependencia del mercado europeo (supone el 58 % de sus ventas), que no ha dejado de hundirse desde el 2008, en particular en los países en los que el grupo tiene mayor presencia industrial: Francia, España e Italia.
Evolución insostenible
Otra de las causas de la crisis de PSA es su carácter de fabricante generalista, centrado en vehículos de gama media, que son los más afectados por la competencia de otros grupos especializados en gamas de bajo coste (como la marca Dacia de Renault), en las que Citroën y Peugeot entrarán este año a través de los dos nuevos vehículos que ya se están fabricando en Vigo (el Peugeot 301 y el Citroën Elysee), una factoría que no aparece cuestionada en ninguna de las 80 páginas del documento oficial.
La consecuencia de todo esto, según Emmanuel Sartorius, es una evolución «insostenible» que se traduce en unas pérdidas de 819 millones en los seis primeros meses.
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