El día D -la reunión del consejo del BCE, el 6 de septiembre- se acerca y Draghi lo tiene cada vez más claro. La autoridad monetaria hará «todo lo que sea necesario» para evitar que los mercados se dejen llevar por «temores irracionales». Y si tiene que adoptar «medidas excepcionales» -comprar bonos de los países en apuros-, lo hará.
El guardián del euro lo dejó muy claro ayer en el adelanto de un artículo de opinión, que hoy publicará íntegro el diario alemán Die Zeit. En él, y para tranquilizar los ánimos germanos -Alemania se opone a que el BCE financie a los Estados-, Draghi asegura también que la institución que preside «seguirá siendo independiente» y «hará lo necesario para garantizar la estabilidad de los precios», su principal cometido y la gran obsesión alemana.
Mientras todo el mundo aguarda impaciente a que el BCE desgrane su hoja de ruta para aplacar la asfixia de España, y también de Italia, en Berlín, la canciller Angela Merkel recibía ayer al primer ministro italiano, Mario Monti. Tras el tradicional intercambio de elogios (la alemana alabó el «impresionante» programa de reformas del italiano, y este el ejemplo que supone Alemania para el resto y sus acertadas propuestas para salir de la crisis), airearon sus diferencias. Aseguró Merkel que el fondo de rescate permanente no puede tener licencia bancaria porque, como dijo Draghi, es «incompatible con los tratados europeos». A lo que Monti respondió que Europa ha de sopesar el uso de «todos los instrumentos» a su alcance para combatir la crisis de deuda. Incluida, claro, la licencia bancaria para el MEDE, un asunto sobre el que «no hay que dramatizar».
Advertencia
Antes de la reunión en la Cancillería berlinesa, el primer ministro italiano le había lanzado a Merkel otra advertencia. Esta vez desde las páginas del diario transalpino Il Sole 24 Ore. Argumentó el primer ministro que si el Banco Central Europeo no toma cartas el asunto, la situación acabará volviéndose contra Alemania en forma de tensiones inflacionistas. «Impedir, como pretende el Bundesbank [banco central alemán], que el BCE intervenga en el mercado comprando deuda soberana para moderar los desequilibrios, podría convertirse, desde el punto de vista alemán, en un gol en propia puerta», zanjó el tecnócrata
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