Draghi ha movido ficha y ahora le toca hacerlo a Rajoy. Con su jugada de ayer, negándose a actuar de oficio, el guardián del euro ha colocado toda la presión sobre los hombros del presidente, que ha de decidir si solicita o no al fondo de rescate que emplee su artillería en comprar bonos españoles. Y, a decir de los analistas, a Rajoy no le va a quedar otra que pasar por el aro.
Desde ayer, mantienen los expertos, España está abocada a otro rescate parcial -que no a una intervención total como las que sufren en sus carnes Grecia, Irlanda y Portugal-, como el que supuso la solicitud en junio de los 100.000 millones para cubrir el desaguisado de la banca.
Ahora de lo que se trataría es de pedir expresamente al fondo de rescate que compre deuda española en el mercado secundario (donde se negocian los títulos ya emitidos por el Tesoro). El BCE volvería entonces a escena (hace más de veinte semanas que no compra bonos) para reforzar la actuación del mecanismo de socorro.
¿Qué se consigue con las compras de deuda?
Que se enfríe la prima de riesgo y se reduzcan los tipos de interés, lo que acaba trasladándose a las subastas del Tesoro y abaratando los costes de financiación del Estado y del resto de la economía. La prima de riesgo nos golpea a todos.
¿Pedirán algo a cambio?
Por supuesto. Ya sabemos todos que en Europa nada es gratis. Lo hemos aprendido a base de golpes a lo largo y ancho de esta interminable crisis. Si Rajoy llama a la puerta del fondo de rescate para que compre nuestros bonos tendrá que estampar su firma en uno de esos famosos memorandos de entendimiento que tanto gustan en Bruselas (y, en Berlín, no lo olvidemos). En cristiano: más ajustes que añadir a los que ya cargamos a la espalda. Aunque, todo hay que decirlo, hay analistas que consideran que se cargarán más las tintas en los plazos que en las reformas. Esto es, que más que exigir más sacrificios, las autoridades europeas le apretarían las tuercas al Gobierno para que ponga en marcha con la máxima celeridad lo ya anunciado. Una pista: la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, dijo el miércoles que no tiene pensando imponer nuevas exigencias a España. Pero, ¿quién lo sabe? También hay quien dice que la tijera apunta a las pensiones y el desempleo.
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