Un sector que agoniza a cámara lenta

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Cada cierto tiempo se oyen las voces de los ganaderos, que advierten con insistencia de la inviabilidad de sus explotaciones de leche. A cámara lenta, el sector lleva tiempo desangrándose. La subida del pienso, del gasoil y los bajos precios en origen ?este mes sufren la cuarta bajada del año, hasta los 0,28 céntimos por litro? dan la puntilla a una actividad donde apenas quedan granjas desprofesionalizadas y familiares, sino ganaderos que hicieron un enorme esfuerzo inversor en modernizarse. Tampoco el poder público ha sido capaz de emprender en las dos últimas décadas una estrategia que resuelva uno de los grandes males que acechan a las ganaderías: mejorar la base territorial de las explotaciones. Un paso que les hubiera ahorrado a los productores mucho dinero en alimentación de la cabaña.

Endeudadas para ganar competitividad, con unos costes de producción disparados y con un precio de la materia prima oscilando casi siempre a la baja, explotaciones con más de cien y doscientas cabezas de ganado hacen piruetas cada mes para cuadrar las cuentas. El resultado es una crisis estructural de un sector del que dependen 35.000 puestos de trabajo directos y que arrastra a toda la economía rural. Las empresas de maquinaria no venden, las de servicios agrarios pierden clientes y los proveedores de piensos ven cómo se han triplicado sus plazos de cobro.

La situación ha llegado a tal extremo que las tres organizaciones con representación en el campo (Unións Agrarias, Xóvenes Agricultores y el Sindicato Labrego Galego) han emprendido una campaña para sensibilizar a la ciudadanía. Y que cuenta con el apoyo de los regidores de distintas comarcas productoras de leche, que ven cómo las economías de sus zonas agonizan. Mientras, sus ganaderos siguen entregando su leche cada mes sin saber a qué precio la cobrarán el siguiente.

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