La planta de Clesa amanecía ayer a las seis de la mañana para dar la bienvenida al primer turno de trabajadores. De puertas para fuera todo permanecía igual que la semana anterior. Sobre la nave, la misma vaca acompañando a las mismas siglas rojas. Y en el interior, los mismos trabajadores en la misma cadena de producción. Sin embargo, los yogures y flanes elaborados en la factoría asentada en Caldas de Reis no tenían el mismo sabor. El sentimiento de futuro resuelto en el aire impregnaba el ambiente, colándose dentro de los envases y de los empleados, la misma jornada en la que la plantilla en activo firmó la subrogación indefinida de sus contratos.
Atrás quedan los días de incertidumbre, cuando la empresa se declaró en administración concursal. Una etapa de cielos cubiertos que venía de tiempo atrás y a la que sobrevivieron 30 operarios de los 130 que poblaban las instalaciones en los buenos tiempos, cuando la marca era una referencia a nivel estatal.
La venta de Clesa a la Agrupación Cooperativa Láctea S.L. (Acolact) -rubricada en Madrid el pasado jueves- abrió un claro de esperanza en Saiar no solo para la plantilla superviviente, también para aquellos que se quedaron en el camino. La sociedad gallega que a partir de ahora gestionará la planta, formada por Feiraco y otras nueve cooperativas, se comprometió expresamente a incorporar a los empleados despedidos por el camino de manera progresiva.
«Ata o de agora estivemos facendo marabillas porque nos faltaba materia prima para sacar adiante a produción. Iamos a remolque e non chegábamos a cubrir a demanda porque non tiñamos produtos: un día cartón, outro sosa, o seguinte fuel...», relata José Luís Lorenzo, uno de los supervivientes de Saiar, que vio pasar la factoría por las manos de cuatro gestores distintos en los 29 años que lleva en ella. «A venta foi unha cousa que levabamos tempo esperando e que non nos daba chegado. Hoxe é un gran día, xa se nota no ambiente que hai dentro da nave», continúa.
Entrega de currículos
Frente a los empleados, radiantes de ilusión ante esta nueva etapa materializada sobre el papel, aquellos que en la mañana de ayer acudían a la planta de Caldas para dejar su currículo tras conocer el rescate por parte de Acolact. Gonzalo Leis, vecino de Cuntis, o Sergio Rodríguez, de Cambados, y su novia de Meis fueron tres de más de una decena de desempleados que se desplazaron hasta Clesa con la esperanza de llegar a colaborar en la fabricación de los yogures con sabor a futuro.
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