Los mercados cercan a España pese a copiar las recetas de los países intervenidos

El país está rescatado en la práctica pero no recibe una ayuda real que alivie la presión. Tras el «viernes negro», los especuladores pondrán mañana a España en el disparadero, tras el no-rescate de Murcia

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Además de la «acción y efecto de rescatar», es decir, «liberar de un peligro, daño, molestia u opresión», el diccionario define rescate como «dinero con el que se rescata o que se pide para ello», mientras que de la intervención señala que, dicho de una o varias potencias, en relaciones internacionales, es «dirigir temporalmente algunos asuntos interiores de otra».

De lo anterior, y tras el colapso del último «viernes negro» vivido por España, se deduce que pocos -a excepción del Gobierno, que se resiste a metabolizarlo- tienen ya esperanzas de que el país pueda evitar un rescate global. Ninguna de las drásticas medidas aprobadas por el Ejecutivo -ni los recortes del presupuesto, ni las sucesivas reformas del sistema financiero, las subidas fiscales, la austeridad exigida a las autonomías o el rescate a la banca- han logrado el objetivo que perseguían: reconquistar la confianza de los mercados.

De hecho, los inversores lo dejaron meridianamente claro a lo largo de la última semana, cuando la aprobación de los recientes «ajustes» en el Congreso -«obligado», como reconoció el Gobierno, por Europa- coincidía con resultados desastrosos en la subasta de deuda (menos colocación a intereses mayores), y culminaron el viernes pulverizando los peores resultados históricos: la prima de riesgo en 610 puntos, la rentabilidad del bono a diez años en el 7,2 % y la bolsa hundiéndose casi un 6 %. El Ejecutivo no esperaba tal respuesta a su disciplinada adopción de las recetas exigidas, idénticas -desde la subida del IVA a los recortes- a las implementadas en los rescatados. El problema es que al crecimiento ni se le espera.

«Banco clandestino»

La letanía de lamentos iniciada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al reconocer que «no hay dinero» para pagar los servicios públicos -argumento que usó para defender la eliminación de la extra a los funcionarios y las subidas impositivas-, la continuó su homólogo de Exteriores, que el sábado acusó a los mercados de recibir «con una bofetada seca» cada medida adoptada por el Gobierno, después de haber acusado la víspera al Banco Central Europeo (BCE) de actuar como un «banco clandestino» porque «no está haciendo nada para apagar el incendio».

Porque el equipo de Rajoy tiene puestos sus ojos en el BCE, esperando que acceda a comprar deuda para permitirles ganar tiempo, aunque no solucionar el problema de base: un déficit abultado, una deuda por la que se pagan intereses inasumibles en unos mercados -ahora sí- cerrados, y un rosario de comunidades autónomas (Valencia ha sido la primera, pero no irá sola) pidiendo liquidez.

El presidente del BCE, Marino Draghi, respondió inmediatamente a España que la institución no está «para resolver los problemas financieros de los Estados». Es decir, calabazas por esa vía. Así, aunque el Gobierno aún pueda decir que no somos como Grecia, Irlanda o Portugal, porque no estamos oficialmente rescatados -solo la banca-, ya no niegan la evidencia de la intervención, pues la política económica es la impuesta por la troika, con el problema añadido de que los mercados ya han sentenciado al país. La pregunta ahora es cuánto tiempo más se podrá evitar el rescate.

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Funcionarios de distintas ciudades de España protagonizaron grandes movilizaciones durante toda la semana contra los recortes. marcos míguez