Era previsible, pero no se esperaba pronto. La tensión entre un Gobierno obligado a aplicar durísimos recortes para impedir que España sea intervenida y unas autonomías que solo luchan por llegar a fin de mes estaba cantada, al margen de colores políticos. Probablemente fuera el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, enfrascado en la imposible tarea de cuadrar unas cuentas imposibles sin tener que subir el IVA, el último en comprender que no iba a contar con el respaldo ciego de los presidentes autonómicos si fracasaba en esa tarea.
Finalmente, fue el ministro de Economía, Luis de Guindos, el que se salió con la suya. No solo convenció a Rajoy de que había que subir el IVA más de lo que lo ha hecho ningún país europeo, sino que desafió a las autonomías reservándose para el Estado central todo el margen que aporta esa subida para equilibrar el déficit. La puntilla empezó a darla la constatación de que el Gobierno no iba a compartir con las comunidades una sola décima del margen de hasta un punto que Bruselas había dado a España para dejar en el 6,3 % el objetivo de déficit para el 2012, que en un principio estaba establecido en un 5,3 %. Y el remate final llegó cuando Montoro comunicó a las comunidades que no solo iban a tener que cumplir el 1,5 % de déficit previsto para el 2012, sino que en el 2013, en lugar del 1,1 %, tendrán que llegar al 0,7 %. En otras palabras, reducir a la mitad su déficit en un año y medio.
Plante de autonomías del PP
Y ahí es donde varias comunidades del PP se plantaron. Y, para pasmo de más de uno, entre las comunidades díscolas se encontraba Galicia, la autonomía gobernada por Feijoo, el alumno aventajado de Rajoy.
La conselleira de Facenda, Elena Muñoz, salió de Santiago hacia Madrid pisando fuerte y advirtiendo al secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, de que por mucho que dijera que las autonomías eran un desastre y que entre todas solo habían eliminado dos empresas públicas, Galicia había suprimido más de 40 en un año. Y, por la tarde, ya en el Consejo de Política Fiscal, jugó fuerte anunciando que votaría en contra de la propuesta del Gobierno de recortar el déficit autonómico en el 2013 al 0,7 %. Castilla y León y Extremadura echaban el mismo órdago.
El extremeño Monago va por libre y el castellanoleonés Herrera solo aspira a adornarse en su adiós. Pero preocupaba, y mucho, un desplante de Feijoo. Teléfonos que echan humo y la conselleira que rectifica en el último momento «por responsabilidad» apoyando al Gobierno central.
No ha pasado nada, pero Feijoo ha lanzado el primer aviso serio a Mariano Rajoy. Habrá más.