La imposibilidad de generar superávit

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La Bolsa baja y la prima de riesgo sube. Al sentimiento de indignación de los ciudadanos el miércoles se le une hoy el de estupefacción. ¿Pero no nos dijo el presidente que todos los recortes eran precisamente para calmar la presión sobre la deuda? A lo peor también Rajoy lo está, estupefacto, al ver que el cumple las órdenes pero la prima no baja. Que se ponga a pensar que lo que Merkel exige no es lo mismo que quieren los mercados. Y a lo mejor, si alguien es capaz de desentrañar los mecanismos de ese monstruo, en este caso los mercados tienen razón.

Porque la mejor, casi la única, garantía de los acreedores de que van a cobrar es que la economía crezca. Y lo que Rajoy presentó el miércoles es un plan de recortes que nos condena a la recesión hasta por lo menos el 2014. En este escenario de caída del PIB primero y de bajo crecimiento después, se generan dudas más que razonables sobre la capacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones de deuda.

Crecimiento

El crecimiento es la única forma de solucionar los problemas de deuda, tanto la pública como la privada. Siempre ha sido así. Parece que Rajoy y su Gobierno desconocen la historia económica, incluida la nuestra más reciente. España fue capaz de pasar de una deuda soberana próxima al 70 % del PIB en 1996 a tan solo el 37 % en 2007, la más baja de los grandes países de la UE. ¿Cómo lo hicimos? Pues creciendo, porque en realidad la deuda publica siguió siendo prácticamente la misma en valores nominales pero como el PIB creció el 5 % nominal de media, la deuda dejo de ser un problema. En realidad no la pagamos, la diluimos con el crecimiento.

Diagnóstico erróneo

Sin embargo la estrategia de Rajoy es la de intentar generar superávits presupuestarios en un escenario de estancamiento económico para devolver la deuda. Y eso no puede ser, y además es imposible, por mucho sufrimiento que nos pida.

Y esto es lo peor del plan presentado el miércoles, que se basa en un diagnóstico erróneo: España no tiene una crisis fiscal sino una crisis de crecimiento, explicada en lo fundamental por un elevado endeudamiento privado de familias y empresas. Ahora toca desapalancarse, y en eso estamos de forma intensa.

Pero si el Estado en lugar de actuar contracíclicamente también deprime la demanda acabamos en una grave recesión. Y en ese escenario la deuda es impagable, la pública y la privada.