Dos Europas, dos velocidades. La situación económica está consolidando los dos bloques en los que se históricamente se estructura la Unión. La brecha entre países periféricos y solventes la marcan ahora los intereses que se pagan por los préstamos que los Estados solicitan a los inversores para seguir subsistiendo. Hay países a los que casi les sale gratis emitir deuda para captar recursos económicos, y otros se dejan en los mercados sus buenos dineros.
Los inversores le prestan dinero a España para financiarse a un interés tan alto que incluso supera al que pagan países como Italia e Irlanda. La rentabilidad del bono español a diez años se ha alejado estos días del crítico 7 %, pero sigue alto. Aunque semeja un interés incluso bajo en comparación con los que abona Grecia (25,33 %) e incluso Portugal (10,58 %) por sus bonos a diez años. La otra cara de la moneda está en Alemania y el Reino Unido, que pagan intereses por los bonos a diez años algo por encima del 1 %, o Francia, con el 2,24 %. Son países prósperos en los que siguen confiando los mercados para refugiar sus inversiones.
Estas diferencias entre las dos Europas son más evidentes en los tramos cortos de la deuda; mientras que los países periféricos cotizaban en el entorno del 4 % en su bono a dos años, los países más solventes llegaban a entrar en rentabilidades negativas en el mercado secundario. Ocurrió con Alemania, que marcó un -0,03 % en sus subastas, lo que quiere decir que los inversores pagaron por prestarle dinero a Merkel.
Este ránking de países que despiertan más o menos confianza varía si se comparan las últimas cifras del déficit. Alemania ocupa, claro, el primer puesto con el 1 % de desfase entre gastos e ingresos; pero Italia y Portugal están bien colocadas con 3,90 % y 4,20 % de déficit, respectivamente. Solo Irlanda, con el 13,10 %, y Grecia, con el 10,60 %, superan el déficit de España, del 8,50 % del PIB.