Lejos de mejorar, la situación se agrava en la vieja Europa. Y en la agenda de la incertidumbre que manejan los mercados dos nombres ocupan todas las páginas: España y Grecia. Sus principales quebraderos de cabeza en estos momentos.
La primera por una clamorosa falta de información. No hay nada que anime más al dinero a poner pies en polvorosa que la desconfianza que genera la ausencia de detalles. Nada como anunciar una medida y luego demorarse en aplicarla. Y es muy poco lo que nos han contado del rescate solicitado el sábado a nuestros socios europeos para recapitalizar los bancos. Tanto que todavía no se sabe de cuánto dinero estamos hablando. Tampoco se conocen los plazos. Y ni siquiera está claro de cuál de los dos fondos de rescate con los que cuenta la UE en su arsenal (el temporal y el permanente) saldrá el dinero que le van a prestar al país. Algo vital para que los inversores sepan en qué puesto estarían a la hora de cobrar si España reestructurase su deuda (dejase de pagar una parte).
Y en el caso de Grecia, porque se ha convertido en un auténtico polvorín, cuyo explosión amenaza con llevarse por delante al euro.
Con estos mimbres, a la prima de riesgo española no le quedó ayer otra que seguir al volante en su temeraria carrera hacia nuevos máximos histórica. A primera hora de la tarde, cuando más apretó la soga de los mercados, se quedó a las puertas de su último récord. Hasta los 543 puntos llegó. Para cerrar luego en 528, ocho más que la víspera. Y esta vez, con la rentabilidad del bono a diez años en niveles desconocidos desde la entrada de España en el euro. Al 6,83 % llegó a pagarse en el mercado secundario (donde se negocian los títulos ya emitidos por los Estados). Acabó el día en el 6,72 %, peligrosamente cerca del fatídico 7 % en el que algunos sitúan el punto de no retorno.
Y vaticina De Guindos unos días de «una enorme volatilidad» y «una enorme tensión en los mercados». El responsable de Economía pidió, por ello, tranquilidad, en nombre de la unidad de Europa ante el euro
Con todo, las que a continuación figuran son algunas de las cuestiones que más preocupan en las mesas de operaciones.
El binomio estado-bancos
La pescadilla que se muerde la cola. El rescate confeccionado por Europa a la medida de España no sirve para romper el círculo vicioso en el que andan enfangados el Estado y los bancos. A saber: el primero es la garantía de que los segundos no quebrarán; a su vez, las entidades españolas son las que más deuda pública tienen en su poder, sobre todo tras las dos barras libres de liquidez de las que han disfrutado por cuenta del BCE; y el valor de esa deuda se reduce si el Gobierno garantiza el rescate de los bancos, colocando a estos en una difícil situación. Y vuelta a empezar.
Segundo rescate
Una posibilidad que ya recorre las mesas de operaciones. Precisamente porque el rescate refuerza ese círculo vicioso entre la banca y la deuda pública es por lo que España podría verse abocada a un segundo rescate. Esa es una idea que ya recorre las mesas de algunos analistas, que nos remiten a lo ocurrido en Irlanda. Allí el Estado se echó sobre sus debilitados hombros la pesada carga de los problemas de sus bancos y acabó cayendo por el precipicio que meses antes se había tragado a Grecia.
La pasividad del BCE
Pocas esperanzas de que el guardián del euro actúe para sofocar el fuego. Son muchas las voces que reclaman del BCE un papel a la altura de las circunstancias. Lo que está en juego no es otra cosa que el euro, argumentan. Lleva más de tres meses sin comprar deuda de los países en apuros. Y dicen los expertos que debería dar un golpe en la mesa y dejarles claro a los mercados que no va a permitir que las cosas se le vayan de las manos. Si no lo hace, y el coste de la financiación de España se encarece, los cien mil millones de euros de los bancos tensarán, y de qué manera, la soga que nos ahoga.
Grecia
La salida helena del euro, un cataclismo de consecuencias impredecibles. Los griegos acuden este domingo a las urnas por segunda vez en lo que va de año para elegir Gobierno. Hay muchas posibilidades de que el partido de izquierda radical Syriza sea el más votado o, por lo menos, se convierta en la segunda fuerza política del país. La formación no acepta las condiciones del rescate pactado con la troika. Y Europa ya ha dejado claro que si Grecia no cumple lo pactado le cerrará el grifo del dinero.
Si se cancela el rescate, el Estado griego se vería abocado a la suspensión de pagos y a una posible salida del euro.
El líder de Syriza, Alexis Tsipras, intentó ayer conjurar ese fantasma. «Gobernaremos para asegurar la permanencia de Grecia en la eurozona», afirmó en declaraciones recogidas por Efe. Pero, aún así, reiteró su frontal oposición a las medidas de austeridad pactadas por el anterior Gobierno griego a cambio de sendos rescates por un valor total de 240.000 millones de euros.
Por si acaso, Europa ya tiene sobre la mesa un plan de contingencia para intentar amortiguar los efectos del terremoto que desencadenaría el abandono. Consecuencias impredecibles en el sistema financiero europeo -fuga de capitales hacia Alemania, incluida- y brutales efectos en España e Italia es lo que vaticinan los expertos.
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