A la pregunta de si lo que ha pedido España a sus socios europeos es o no un rescate, los expertos se inclinan por la respuesta positiva, aunque con matices. Entienden que con el «grave problema» de Grecia sobre la mesa, la UE no podía permitirse que España enfermara irreversiblemente. De hecho -apuntan-, la solución diseñada para el país, es decir, un «rescate» pero solo para el sistema financiero, aunque tangencialmente se comprometa el respaldo del Estado, es una especie de «campo de pruebas» en el que ensayar posibles alternativas a los rescates «duros» (los aplicados a Grecia, Irlanda y Portugal), en el hipotético caso de que otros pudieran necesitarlos.
Un rescate «a medias»
«España está recibiendo ayuda europea y, por tanto, es un rescate. Es un rescate a medias, pero no deja de recurrir a los mecanismos de ayuda para pedir dinero. Y las condiciones macroeconómicas no son gratis, cuestan dinero», explica Juan Luis García Alejo, director de Análisis y Gestión de Inversis Banco.
Y prosigue poniendo como «ejemplo hipotético» que España finalmente pida los 100.000 millones, con un interés del 5%: «Entonces tendría que pagar unos 5.000 millones de interés que se sumarían a los 32.000 millones que ya paga por los intereses de la deuda pública. La cantidad que tiene que pagar por el interés no desestabiliza un presupuesto, pero es que probablemente además de los intereses pueden acabar pidiendo un apoyo a mayores desde el punto de vista de la fiscalidad».
Es decir, que para García Alejo, la rotunda afirmación de Luis de Guindos de que las exigencias de la «ayuda financiera» no afectarían en absoluto a la macroeconomía, es decir, a los ciudadanos, no sería cierta. «Ya se había hablado de que en el 2013 podrían imponer algún ajuste en los impuestos indirectos como el IVA o hidrocarburos. No hay que descartar ajustes fiscales adicionales».
El peligro del órdago
Más apocalíptico en su análisis se muestra el responsable del Servicio de Estudios y Análisis de la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver), Javier Flores. Además de no tener duda de que es un rescate en toda regla, es muy crítico con las formas empleadas por el Gobierno para lograrlo. «El rescate español tiene forma de rescate a la banca, aunque quieran evitar a toda costa ese término y pretendan desligarlo del Estado», dice. Y añade que «el Ejecutivo ha estado jugando el peligroso juego del órdago, de tensar la cuerda porque soy tan grande que si caigo yo os llevo por delante, así que a mí me vais a dar condiciones diferentes».
Aunque la apuesta haya salido bien, Flores entiende que es «una estrategia temeraria y que no ayuda a que confíen en que sí hay un compromiso de hacer las cosas de otro modo». No descarta tampoco que este sea solo un primer paso y que el país -como ocurrió con Grecia- se vea obligado a recurrir a un nuevo préstamo. Ve similitudes con el caso de Portugal, donde se planteó casi como un rescate «preventivo», por lo que las cifras eran «muy holgadas».
«¿Además de los bancos que sabemos que precisan capital, otros nos darán la sorpresa? ¿Y será suficiente este rescate a la banca para calmar la prima de riesgo, devolver la confianza, convencer a Europa de que ya no jugamos al gato y al ratón y que estamos por cumplir los objetivos que nos han marcado y que, por tanto, sí estaríamos en condiciones de acudir a los mercados en los próximos 18 meses para lograr a un precio razonable esos 250.000 millones que necesitamos financiar?», apunta.
El pánico del mercado
Menos dudas tiene el estratega de Citi en España, José Luis Martínez Campuzano, que sostiene que, en condiciones de mercado normales -que ahora no se dan- el país no tendría problema para financiar ese 4 o 5 % del PIB para la banca. «Pero el lunes nos levantaremos en mejor situación», sentencia.
«Es un rescate a la banca, aunque quieran evitar ese término», afirma Javier Flores