Por fin, un golpe en la mesa. Lo que llevaban pidiendo los pescadores gallegos desde hace unos años, justo cuando empezaron las estrecheces con la xarda. Europa cerrará sus fronteras y su mercado a los productos pesqueros de los países que no cooperan con la UE en la gestión de la pesquerías e incumplen las medidas convenidas para evitar la sobreexplotación de los caladeros.
Ejemplos de estas prácticas hay muchos, pero ahora mismo hay dos exponentes clarísimos: Islandia y las islas Feroe, que cada año retan abiertamente a la Unión Europea al autoasignarse el cupo de caballa que necesitan sus respectivas flotas y no el que, según sus convecinos en la Neafc (Comisión de Pesquerías del Atlántico Nororiental), debe pactarse para impedir el colapso del stock. Así, mientras gallegos, vascos y cántabros aprietan los dientes y maldicen a Bruselas cuando tiran por la borda decenas de kilos de caballa, islandeses y feroeses capturan las toneladas que precisan para llenar unas latas que, después, ocuparán los lineales de supermercados alemanes, de los Países Bajos e incluso, para mayor ofensa, españoles.
Ese agravio podría llegar a su fin si prospera la propuesta de reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo, que considera que esa afrenta es merecedora de restricciones comerciales y otras medidas de presión para que acepten «entablar una negociación seria y encontrar una solución justa para garantizar la sostenibilidad de las poblaciones de peces de interés común».
¿Cómo intimidarlos? Pues, por ejemplo, limitando las importaciones de productos pesqueros capturados por los barcos de un país que permite la pesca no sostenible, negándoles la prestación de servicios en los puertos o impidiendo conciertos de la flota europea con ese tercer país. Vamos, que al enemigo ni agua.
Restricciones a la importación
Así, cuando un país no coopere en la gestión de una especie de interés común, no adopte ninguna medida, o la tome sin tener en cuenta los intereses de los demás, la Comisión podrá imponer restricciones a las importaciones del pescado en cuestión y de las especies asociadas, a los productos elaborados a partir de ellos e, incluso, a los que contengan ese pescado. Esto es, en el caso de la caballa, Islandia y las Feroe no podrían mandar a la UE ni xarda fresca, ni latas, ni un plato precocinado que lleve entre los ingredientes caballa.
No se le negará la entrada en puerto, pero un barco con pabellón de los países no cumplidores no podrá beneficiarse de los servicios salvo en caso de fuerza mayor o de que se encuentre en dificultad grave. Y si un armador quiere deshacerse de su barco tendrá que buscar comprador fuera de la Unión Europea, pues estará prohibido comprar o intercambiar un barco con un país no cooperante, cerrar fletes e, incluso, cerrar acuerdos comerciales privados entre los nacionales de un Estado miembro y del país vetado. Evidentemente, las operaciones conjuntas de pesca estarán descartadas por completo. Y es más, ni siquiera estará permitido vender a los no cooperantes equipo o material de pesca.
El golpe en la mesa está dado. Ahora, a ver si los demás se cuadran.
150.000
Islas Feroe
En el 2011, las Feroe se autoasignaron esas toneladas
147.000
Islandia
Fueron las toneladas autorizadas a la flota de este país
25.000
España
A Europa le correspondieron casi 320.000