«Sempre chove na casa do pobre»

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Unos 140.000 gallegos, según la cifra estimada por CC.OO. y UGT -que los cálculos de los cuerpos de policía que acompañaron las marchas rebajan a 80.000- acudieron ayer a las nueve manifestaciones convocadas en Galicia contra la reforma laboral decretada por el Gobierno.

La mayor concentración tuvo lugar en Vigo, donde se reunieron unos 30.000 ciudadanos (según la policía local). En A Coruña, donde se celebró el acto central, fueron otros tantos, según los sindicatos, aunque las fuerzas de seguridad redujeron la participación a la mitad.

Con salida desde la plaza de la Palloza, con la cerrada Fábrica de Tabacos de fondo, los coruñeses que se echaron a la calle ofrecieron un reparto de cánticos casi contra todo y todos, y hasta hubo incluso alguna crítica al propio sindicalismo, que «mucho habláis, pero poco hacéis», según dijo una espontánea que pudo colarse en el micrófono del dirigente de UGT a la hora de los discursos.

Contra los Gobiernos

Consignas como «Traballo temporal, terrorismo empresarial» se cruzaron con las críticas al Gobierno y también a los votantes que lo eligieron -«¿E a culpa de quen é? Dos que votan ó PP», repetía insistentemente la asistencia- y si bien el partido de Rajoy se llevó por goleada las más de las críticas, y también las más ácidas, los movilizados repartieron también para el anterior Ejecutivo: «PP e PSOE, a mesma cousa son» se pudo oír en presencia de destacados dirigentes socialistas que encabezaban la marcha, entre ellos el exministro de Justicia, Francisco Caamaño, parlamentarios y concejales. Con la ausencia general de dirigentes del BNG, aunque pudo verse a destacados militantes, hubo alusiones a la huelga y los propios responsables de los sindicatos coincidieron en que «chegaremos a onde faga falta».

Las alertas en defensa de los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación, además de los mensajes sectoriales de los muchos conflictos que llevaron su voz, y sus pancartas, a la manifestación en A Coruña conformaron el particular concierto de una protesta que discurrió sin incidentes y que llegó a ocupar todos los carriles que llevan a la Delegación del Gobierno, en la plaza de Ourense, adonde llegaba la cabecera cuando la cola aún seguía en la Palloza. Desde Alcoa a la Fábrica de Armas, con recuerdo para Navantia e incluso para Spanair, se hicieron oír en la movilización que, de forma espontánea, musicó al unísono una queja en voz alta: «Sempre chove na casa do pobre». Y es que la apelación al discurso del desigual reparto de la factura de la crisis fue una constante, también en los discursos de los dirigentes sindicales que cerraron la marcha arengando a una protesta ciudadana global y emplazando a las próximas protestas, previstas para los días 23 y 29, con la convocatoria de la Confederación Europea de Sindicatos.

«Esta é a reforma laboral máis agresiva e regresiva dende que estamos en democracia», dijo José Antonio Gómez, secretario general de UGT Galicia, que criticó que el «epicentro» de la normativa sea el despido, y auguró conflictividad social sin rédito alguno: «Esta reforma non vai a crear emprego nin a corto, nin a medio nin a longo prazo», insistió antes de apelar a la necesidad de modificarla «de pé a rabo». En su discurso repasó también los cambios «dos que non falara Rajoy en campaña»: la subida de impuestos, la congelación del salario mínimo «e agora pretende vulnerar tamén os dereitos civís». Mencionó también la «barra libre para os ERE» y «o ataque ós funcionarios» para hacer un llamamiento a la responsabilidad: «É o noso deber defender os servizos públicos como garantes do principio de igualdade».

De «atraco social» tildó Xosé Manuel Sánchez Aguión, secretario general de CC. OO. en Galicia, la reforma laboral decretada por un Gobierno que «despreza o activo máis importante da sociedade, os traballadores, porque deixa as súas vidas nas mans do empresario». Además de censurar que «se fagan recaer única e exclusivamente as consecuencias da crise sobre quen non ten responsabilidade nela», contrapuso el sacrificio de la «maioría social» frente al rescate de 200.000 millones de euros firmado para una banca «que non fai circular o diñeiro e condena ó peche a centos de empresas viables». Actuar sobre los ingresos, más que sobre los gastos del Estado, fue la fórmula propuesta por Aguión, quien apuntó al control del fraude y a una política fiscal proporcionada como soluciones más adecuadas que una reforma laboral «inútile e inxusta».

«É a reforma máis agresiva e regresiva da historia da democracia»

«É un auténtico atraco social e non vai resolver a gran traxedia do paro»