Imagen:Milagros posa junto a «Pirucha» en las últimas horas de la novilla.

Tonelada y media de novilla

Un restaurante compostelano compra una res de Cerceda de 1.400 kilos


redacción / la voz

Se llama Pirucha y hoy morirá. Su destino está escrito en un papel, el que han firmado la dueña, el matadero y el restaurante comprador. Acuerdos así se escriben a diario, pero este es especial por las dimensiones del objeto de la compraventa: Pirucha pesa 1.400 kilos, media tonelada más que cualquier vaca convencional de talla generosa. Hoy muy temprano será recogida en su establo de Queixas (Cerceda) para pasar sus últimos minutos de vida en Frigoríficos Bandeira, en Silleda. Allí pondrá fin a sus tres años de biografía de menús campestres y mimos de Milagros.

Milagros es la dueña y ayer vivió un día especialmente triste. Recordaba cómo desde que nació Pirucha se dedicó cada dos días a peinarla, a quitarle los insectos muertos y, por supuesto, a alimentarla con lo mejor de la casa. Nunca le faltó de nada. Ni siquiera ayer, cuando la novilla ya estaba desahuciada.

-Milagros, ¿onde está Pirucha agora?

-Está merendando.

Y añade que a las nueve de la noche cenará «maínzo, unha espiga, máis herba». No hay minutos de la basura para la vida de Pirucha, a la que los vecinos de la zona se refieren como «o fenómeno de Queixas». Milagros no está conforme con el peso oficial establecido por los tratantes y los encargados del matadero. «Din 1.400 quilos, pero eu penso que é algo máis. Eu deille de comer, e aí hai máis quilos, seguro», explica la dueña, cuyo escudo heráldico parece haberla predestinado a las labores ganaderas. Milagros se apellida Becerra.

Hoy tampoco será un día cualquiera para Pepe Rumbo. Es el propietario del restaurante El Pasaje, de la céntrica Rúa do Franco, en Santiago, y en cuyas mesas se servirán los restos de Pirucha. Pero los protocolos de la carne exigen una maduración de algo más de un mes. «Chamáronme do matadoiro de Bandeira e tiven que ir velo cos meus propios ollos: ??Pepe, acabo de mercar unha cousa extraterrestre??, me dixeron. E a fe que o é». Y también de otro mundo le pareció el trato que Milagros le dispensa a su novilla. «Trátaa cunha tenrura que nunca vin hacia un animal», añade el restaurador. Hoy se levantará a las cinco de la mañana para ver cómo transportan y diseccionan a la res recién comprada. Irá con cámara de vídeo y acompañado de sus hijas. «Porque elas nunca viron nin verán cousa igual», insiste. Y hoy, 23 de septiembre, también será una jornada diferente en las cámaras de Frigoríficos Bandeira. «Aquí matamos unhas corenta mil vacas ao ano e nunca tivemos unha cousa desas dimensións», señala el encargado de la empresa.

En el matadero no estará Milagros, quien reconoce que intentó demorar el traslado para estar más tiempo junto a su vaca favorita. Pero las patas de Pirucha corren riesgo de quebrar bajo tonelada y media de peso.

«Cando chamaron do matadoiro dixeron que mercaran unha cousa extraterrestre»

Pepe Rumbo

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